Asegura que la Inteligencia Artificial está cambiando cómo pensamos

La inteligencia artificial promete hacernos la vida más fácil. Con unas pocas pulsaciones, puede escribir correos, resumir informes, generar ideas y responder a preguntas complejas en segundos. Para muchas personas, supone un salto tecnológico comparable a la llegada de internet.
Sin embargo, según el neurocientífico David Rock, la pregunta más importante no es qué está haciendo la Inteligencia Artificial por nosotros, sino qué puede estar haciéndonos a nosotros.
En entrevista con Noticias ONU, el experto explica que, en cierto modo, "la tecnología no nos está cambiando en absoluto". El cerebro humano sigue tomando decisiones, resolviendo problemas y respondiendo a los desafíos como lo ha hecho durante miles de años. Sin embargo, la historia muestra que los grandes acontecimientos y las presiones prolongadas pueden dejar huellas duraderas en el cerebro, moldeando el comportamiento por años o incluso generaciones.
La revolución tecnológica actual puede ser uno de esos momentos. La diferencia, sostiene Rock, es que la tecnología nos da cada vez más una sensación de control sobre casi todo.
Dice que esa creciente sensación de autonomía puede ser liberadora, pero crea una trampa sutil, especialmente a medida que los sistemas de Inteligencia Artificial se vuelven capaces de realizar tareas que antes requerían un esfuerzo mental considerable.
La verdadera preocupación no es que la Inteligencia Artificial sea cada vez más potente: e que las personas están demasiado dispuestas a entregar su pensamiento.
Las organizaciones se apresuraron a adoptar herramientas de Inteligencia Artificial generativa, a menudo antes de comprender plenamente sus efectos a largo plazo. Ahora las consecuencias son más claras.
Una pequeña minoría de trabajadores, tal vez entre 5 y 10%, utiliza la Inteligencia Artificial según lo previsto: descargando tareas rutinarias y liberando capacidad mental para un trabajo más exigente. Sin embargo, la mayoría, hace lo contrario. "El cerebro adora conservar energía", dice Rock: "es muy tentador ahorrarle al cerebro el pensar del todo".
El resultado, advierte, es una erosión gradual del juicio. Cuando las personas externalizan no solo el trabajo rutinario, sino también el análisis, la evaluación y la toma de decisiones, corren el riesgo de perder la capacidad de distinguir las buenas ideas de las malas.
"La Inteligencia Artificial puede proporcionar respuestas rápidamente, pero la velocidad no es lo mismo que la sabiduría. "
Según Rock, el mayor desafío al que se enfrentan los trabajadores hoy no es la falta de información, sino un exceso abrumador de ella. Compara el momento actual con la llegada del correo electrónico, que aumentó drásticamente la cantidad de información que la gente tenía que procesar. Hoy, sin embargo, la escala es mucho mayor.
Los trabajadores se ven bombardeados por mensajes, actualizaciones, notificaciones y resúmenes generados por Inteligencia Artificial a menudo muy por encima de lo que el cerebro humano puede gestionar de forma realista. "Nuestros cerebros tienen límites reales", expone.
Los ordenadores pueden procesar miles de decisiones en un instante. Los humanos, no. Sin embargo, muchas organizaciones siguen funcionando como si las personas tuvieran una capacidad ilimitada de atención y toma de decisiones.
Rock cree que la sociedad se encuentra todavía en un "período de asentamiento" con la Inteligencia Artificial, parecido a los primeros días del automóvil, antes de que existieran las leyes de tráfico y los límites de velocidad. La tecnología ha llegado más rápido que las normas sociales y las salvaguardias necesarias para utilizarla de forma responsable.
Mientras que la televisión, los libros y los teléfonos inteligentes competían por nuestra atención, la Inteligencia Artificial compite cada vez más por nuestras relaciones. Cada vez más personas recurren a los chatbots no solo para obtener información, sino para conversar, buscar compañía y pedir consejo.
Las investigaciones, señaló, sugieren que las personas que pasan mucho tiempo interactuando con compañeros de Inteligencia Artificial pueden sentirse más solas en lugar de menos. Otros estudios apuntan a vínculos entre una gran dependencia de los chatbots y un mayor distanciamiento de las interacciones sociales del mundo real.
El cerebro humano evolucionó en torno a las relaciones con otras personas. Sustituir demasiado esa interacción por máquinas puede tener un coste psicológico que la sociedad apenas empieza a comprender. A medida que la IA se vuelve más sofisticada, y a medida que la robótica, la computación más rápida y las tecnologías de internet de próxima generación convergen, es probable que esas preguntas sean aún más acuciantes.
Paradójicamente, cuanto más capaces se vuelven las máquinas, más valiosas pueden volverse las relaciones humanas. Rock cree que el futuro valorará la confianza, la autenticidad y la conexión humana genuina.
¿Cómo pueden adaptarse las personas? La respuesta de Rock se reduce a un solo concepto: la metacognición, o pensar sobre el pensamiento. En lugar de permitir que la Inteligencia Artificial se haga cargo, sostiene que las personas deben mantener firmemente el control, utilizando estos sistemas para desafiar y ampliar sus perspectivas en lugar de reemplazarlas.
A medida que la IA se integre en la vida cotidiana, esa distinción podría resultar crítica. Las máquinas pueden volverse más inteligentes y rápidas, pero el desafío para la humanidad será garantizar que nuestras propias mentes sigan comprometidas. (Naciones Unidas)






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