¿Estamos sustituyendo la escucha humana por la inteligencia artificial?

Cuando la IA escucha: ¿qué buscamos realmente cuando hablamos con una máquina?
Cada vez más personas recurren a herramientas de inteligencia artificial para hablar de ansiedad, tristeza, relaciones o soledad. Para el psicoanálisis, el fenómeno plantea una pregunta que va más allá de la tecnología: ¿qué necesidad humana estamos intentando satisfacer cuando buscamos ser escuchados?
La inteligencia artificial ya no solamente se utiliza para resolver dudas, redactar textos o facilitar tareas cotidianas. Cada vez más personas recurren a ella para hablar de sus emociones, pedir orientación ante un problema personal o simplemente desahogarse.
En México, una encuesta sobre los usos de la inteligencia artificial generativa entre estudiantes de educación superior reportó que 9% recurre a estas herramientas para expresar emociones, buscar orientación o sentirse acompañado. El fenómeno ha llamado también la atención de las autoridades de salud:Comisión Nacional de Salud Mental y Adicciones (CONASAMA), reconoció que la disponibilidad permanente, la respuesta inmediata y la posibilidad de interactuar mediante un lenguaje que simula una conversación humana son algunos de los factores que favorecen este uso.
Pero detrás de la pregunta sobre si una máquina puede “entendernos” existe otra, quizá más profunda: ¿qué estamos buscando cuando hablamos con ella?
Una respuesta inmediata para una necesidad humana
Una de las características más atractivas de la IA es precisamente aquello que la diferencia de una relación humana: está disponible prácticamente en cualquier momento, responde de inmediato y no parece juzgar.
Para alguien que atraviesa ansiedad, tristeza, soledad o un conflicto personal, esa disponibilidad puede resultar reconfortante. Sin embargo, desde el psicoanálisis, el fenómeno también puede leerse como una señal sobre los vínculos contemporáneos.
“Más que preguntarnos si una inteligencia artificial puede sustituir a un terapeuta, tendríamos que preguntarnos por qué tantas personas sienten que no tienen con quién hablar”, ha planteado la Dra. Rocío Arocha, presidenta de la Asociación Psicoanalítica Mexicana (APM).
La pregunta cambia entonces de lugar: no se trata únicamente de qué tan sofisticada es una tecnología, sino de qué necesidad emocional está revelando su utilización.
El deseo de ser escuchados
Hablar no significa únicamente obtener una respuesta. En muchos casos, lo que una persona necesita es encontrar un espacio donde pueda expresar aquello que todavía no comprende, poner en palabras una contradicción o incluso permanecer en silencio sin tener que llegar inmediatamente a una conclusión.
“Lo leo como una falta muy lamentable de escucha, de los adultos, de no darle a los jóvenes los espacios para pensar, para analizar”, señaló Arocha al referirse particularmente al uso de la IA por parte de los jóvenes.
Desde esta perspectiva, recurrir a una máquina puede ser también una manifestación de una necesidad profundamente humana: la necesidad de que exista un otro disponible para escuchar.
Y esto resulta especialmente relevante en una época marcada por la inmediatez. La tecnología ofrece respuestas cada vez más rápidas, mientras que los procesos emocionales requieren, muchas veces, tiempo, elaboración y la posibilidad de tolerar cierta incertidumbre.
La tecnología puede responder, pero no sustituye el vínculo
Esto no significa que la inteligencia artificial deba ser rechazada como herramienta. Puede proporcionar información, orientación general y recursos de apoyo, pero existen límites importantes cuando se trata de salud mental.
CONASAMA ha advertido que la IA puede utilizarse como herramienta complementaria de orientación y psicoeducación, pero no sustituye la valoración, el seguimiento ni la atención de profesionales de la salud mental.
Para Arocha, la diferencia fundamental está en el vínculo: “No hay modo de sustituir la presencia humana”, ha señalado.
La cuestión, por tanto, no es enfrentar a la tecnología con el psicoanálisis. Es preguntarnos qué lugar queremos que ocupe la tecnología en nuestra vida emocional y qué lugar seguimos reservando para los vínculos humanos.
¿Qué nos dice esto sobre nuestro deseo?
El auge de la IA como espacio de desahogo también obliga a mirar hacia el deseo: aquello que buscamos, aquello que nos mueve y aquello que intentamos satisfacer, incluso cuando no somos plenamente conscientes de ello.
En este sentido, el fenómeno resulta particularmente pertinente para el LXVI Congreso Nacional de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Mexicana, “Pulsión y Deseo”, que reunirá a especialistas para reflexionar sobre el deseo, la ética clínica, el encuadre y la posición del analista.
Porque quizá la pregunta más importante no sea si una máquina puede escucharnos, sino qué estamos buscando cuando necesitamos que alguien —o algo— nos escuche.
Y esa sigue siendo, en última instancia, una pregunta profundamente humana.






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