3 de marzo
- Laura Meléndez
- hace 5 días
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Emeterio, Caledonio, Marino, Félix, Luciano, Fortunato y Marcia, son los que celebran este día su onomástico… Felicidades
Hoy recordamos al inventor y físico británico Alexander Graham Bell, nacido el 3 de marzo de 1847.. Han pasado de esto 179 años. Este genio pasa a la historia por su labor para el desarrollo de las telecomunicaciones y que en 1876 patentó el teléfono en Estados Unidos, aunque el aparato ya había sido desarrollado anteriormente por el italiano Antonio Meucci.
De hecho, Meucci fue reconocido oficialmente en Estados Unidos y de forma póstuma como inventor del teléfono más de 120 años después, el 11 de junio de 2002. La historia de la invención del teléfono está marcada por litigios, acusaciones y sospechas sobre el proceder de Alexander respecto a la licitud de su patente. Debió hacer frente a más de 600 demandas de sus competidores, entre las que se pueden destacar las del inventor Elisha Gray y la de Meucci, cuyas patentes habían desaparecido del registro. Bell siempre fue capaz de hacer valer sus derechos ante los tribunales, por lo que durante más de 100n años se le ha considerado como el inventor del teléfono.
Esto no resta méritos a Graham Bell, quien creó la compañía Bell Telephone Company para explotar su patente y fue protagonista de los primeros pasos de la implantación del teléfono como medio de comunicación de masas en todo el mundo.
Mas aún, aunque Bell siempre es recordado por el teléfono, lo cierto es que hubo otros inventos que ocuparon gran parte de su vida, entre ellos, la construcción del hidroala y los estudios de aeronáutica.
Su padre, su abuelo y su hermano estuvieron relacionados con el trabajo en fonación y locución, lo que influyó en el interés de Bell por las investigaciones sobre la escucha y el habla, así como en sus experimentos con aparatos para el oído.

La amplitud del genio inventivo de Bell está representada solo en parte por las 18 patentes concedidas en su propio nombre en solitario y por las otras 12 que compartió con sus colaboradores. En total se incluyen 14 para el teléfono y el telégrafo, 4 para el fotófono, una para el fonógrafo, 5 para vehículos aéreos, 4 para hidroaeroplanos y 2 para las células de selenio. Los inventos de Bell abarcaron una amplia gama de intereses e incluían un pulmón de acero para ayudar en la respiración, un audímetro para detectar problemas de audición leve, un dispositivo para localizar icebergs, investigaciones sobre la manera de separar la sal del agua de mar, y sus trabajos en la búsqueda de combustibles alternativos.
Graham Bell Trabajó bastante en investigación médica e inventó técnicas para la enseñanza del habla a los sordos. Durante su periodo en el Laboratorio Volta, Bell y sus asociados consideraron grabar un campo magnético en un disco como medio de reproducción del sonido. Aunque experimentaron con el concepto, no pudieron desarrollar un prototipo viable. Abandonaron la idea, sin darse cuenta de que habían vislumbrado un principio básico que un día encontraría su aplicación en el magnetófono, las unidades de disco duro, los disquetes y otros medios de almacenamiento magnético.
La casa de Bell utilizaba una forma primitiva de aire acondicionado, con ventiladores que impulsaban corrientes de aire a través de grandes bloques de hielo. También anticipó preocupaciones modernas como la escasez de combustible y la contaminación industrial. Pensaba que el gas metano podría producirse a partir de los residuos de las granjas y las fábricas. En su estado canadiense de Nueva Escocia, experimentó con el compostaje de residuos y dispositivos para captar agua de la atmósfera. En una entrevista para una revista publicada poco antes de su muerte, reflexionó sobre la posibilidad de utilizar paneles solares fotovoltaicos para calentar casas.
Bell y su asistente Charles Sumner Tainter inventaron conjuntamente un teléfono inalámbrico, el denominado fotófono, lo que permitió la transmisión de sonidos y conversaciones humanos normales mediante un haz de luz
A Bell también se le atribuye el desarrollo de una de las primeras versiones de un detector de metales en 1881. El dispositivo se desarrolló rápidamente en un intento de encontrar la bala alojada en el cuerpo del presidente de los Estados Unidos, James Garfield tras sufrir el atentado que finalmente acabaría con su vida días más tarde. Según algunas versiones, el detector de metales funcionó a la perfección en las pruebas, pero no encontró la bala del asesino en parte porque el armazón de la cama de metal en la que yacía el presidente perturbó el funcionamiento del aparato.
Bell consideró la invención del hidroavión como un logro muy significativo. Comenzó a esbozar conceptos de lo que ahora se llama un hidroavión. Bell y su asistente Frederick W. Baldwin comenzaron la experimentación de un hidroala en el verano de 1908 como una posible ayuda al despegue de aviones desde el agua. Baldwin estudió la obra del inventor italiano Enrico Forlanini y comenzó a construir modelos de prueba. Esto condujo a Bell al desarrollo de vehículos acuáticos que en la práctica eran hidroalas.
Junto con muchos pensadores y científicos prominentes de la época, Bell estaba relacionado con el movimiento eugenésico en los Estados Unidos. En 1881 investigó la tasa de sordera en Martha's Vineyard, Massachusetts y en 1883 presentó a la Academia Nacional de Ciencias su Memoir Upon the Formation of a Deaf Variety of the Human Race, concluía que padres con sordera congénita tenían más probabilidades de tener hijos sordos y sugería que las parejas en que ambos fueran sordos no deberían casarse.







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