26 de agosto
- Laura Meléndez
- hace 2 horas
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Muchos días de estos para los que celebran algún acontecimiento especial, y también a los del santo: Junípero, Ceferino, Rufino,
La asamblea constituyente francesa, dio un paso histórico el 26 de agosto de 1789 al aprobar la declaración de los derechos del hombre y del ciudadano inspirada en la declaración de independencia estadounidense de 1776 y en el espíritu filosófico del siglo 18, marcando así el fin del antiguo régimen y el principio de una nueva era.
La Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano aprobada por la Asamblea Nacional Constituyente francesa, es uno de los documentos fundamentales de la Revolución francesa al definir los derechos personales y colectivos como universales, válidos en todo momento y ocasión, al pertenecer a la naturaleza humana.
Aún cuando establece los derechos fundamentales de los ciudadanos franceses y de todos los hombres, no se refiere a la condición de las mujeres o la esclavitud, aunque esta última sería abolida por la Convención Nacional el 4 de febrero de 1794.
No fue hasta que Olýmpe de Gougé, en 1791, proclamó la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana que las mujeres entraron, por lo menos a través de un documento no oficial, en la historia de los derechos humanos.
En el derecho constitucional francés, la Declaración de 1789 es parte de la Constitución francesa de 1946, que agrega los derechos sociales en su preámbulo, y de la Constitución francesa de 1958 que reitera los mismos derechos de la Declaración y el preámbulo de 1946.
La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano es, junto con los decretos del 4 y el 11 de agosto de 1789 sobre la supresión de los derechos feudales, uno de los textos fundamentales votados por la Asamblea Nacional Constituyente formada tras la reunión de los Estados Generales durante la Revolución Francesa. En la declaración se definen los derechos "naturales e imprescriptibles" como la libertad, la propiedad, la seguridad, la resistencia a la opresión, y reconoce la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley y la justicia. Por último, afirma el principio de la separación de poderes.
El Rey Luis XVI la ratificó el 5 de octubre, bajo la presión de la Asamblea y el pueblo que había acudido a Versalles, y fue el preámbulo a la primera constitución de la Revolución Francesa, aprobada en 1791. La Declaración de 1789 inspirará, en el siglo 19, textos similares en numerosos países de Europa y América Latina, y la tradición revolucionaria francesa estará también presente en la Convención Europea de Derechos Humanos firmada en Roma el 4 de noviembre de 1950.
La Declaración de los derechos del hombre y del ciudadano del 26 de agosto de 1789 consta de 19 artículos donde los representantes del pueblo francés, constituidos en Asamblea Nacional, exponen en declaración solemne los derechos naturales, inalienables y sagrados del hombre, a fin de que dicha declaración, presente para todos los miembros del cuerpo social, les recuerde sin cesar sus derechos y sus deberes; a fin de que los actos del poder legislativo y del poder ejecutivo, al poder cotejarse a cada instante con la finalidad de toda institución política, sean más respetados y para que las reclamaciones de los ciudadanos, en adelante fundadas en principios simples e indiscutibles, redunden siempre en beneficio del mantenimiento de la Constitución y de la felicidad de todos.
Desde 2003, textos y documentos referentes a la proclamación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano ha sido seleccionado por la UNESCO para integrar la lista del registro de la Memoria del Mundo, como patrimonio documental de interés universal con el propósito de asegurar su preservación.






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