1 de febrero
- Laura Meléndez
- 1 feb
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Comienza el segundo mes de 2026, y hoy, además de felicitar a quienes tienen algún aniversario que festejar, es el santo de quienes llevan por nombre Severo, Pablo, Brigida, Viridiana e Inocencia.
Hoy se cumplen 47 años de la llegada a Teherán desde su exilio en Europa del ayatola Ruhollah Jomeini, máximo líder religioso iraní, luego del triunfo del movimiento revolucionario y el exilio del Sha Raza Pahlevi.
La Revolución iraní, conocida como Revolución islámica, es como se conoce a la serie de movilizaciones en Irán que desembocaron en el derrocamiento de la dinastía Pahlaví y la deposición del Sha en 1979, pese a que tenía el apoyo de Reino Unido y Estados Unidos. La revolución fue liderada por el ayatolá Jomeini desde su exilio, y supuso la instauración de la república islámica que gobierna hasta el dia de hoy, apoyada en organizaciones islamistas, además de movimientos estudiantiles.
El Sha tuvo buena relación con los clérigos hasta que su régimen reconoció a Israel y se rompieron las buenas relaciones entre su gobierno y los religiosos. Uno de los opositores fue Ruhollah Musaví Jomeini, clérigo chiita que enseñaba libros religiosos en la escuela Feiziyah en Qom, y estaba en desacuerdo con la injerencia de Estados Unidos en Irán.
Jomeini fue arrestado en 1963 luego de declarar que el Sha era "un hombre desgraciado y miserable" que se había "embarcado en la destrucción del Islam en Irán." Hubo disturbios en todo el país, por parte de los partidarios de Jomeini, con un saldo de 15 mil personas muertas a manos de la policía. Jomeini fue puesto en libertad después de 8 meses de arresto domiciliario y continuó su rebelión, condenando a la cooperación de Irán con Israel y sus capitulaciones, o extensión de la inmunidad diplomática para el personal del gobierno estadounidenses en Irán.
En noviembre de 1964, Jomeini fue detenido y posteriormente exiliado a Turquía, residiendo posteriormente en Nayaf (Irak) y París, lugares en donde permaneció durante 15 años, hasta la revolución.

Las protestas contra el Sha estallaron desde 1977 y se intensificaron en enero de 1978 con la unión de grupos seculares y religiosos. Entre agosto y diciembre de ese año, las huelgas y protestas paralizaron el país, lo cual derivó en que el Sha partiera al exilio el 16 de enero de 1979 dejando el poder en manos de un consejo de regencia y un primer ministro opositor.
El ayatolá Jomeini, fue autorizado para regresar del exilio por el gobierno provisional, y a su llegada a Teherán el 1 de febrero, fue recibido de manera apoteósica por la multitud que lo esperaba: cerca de 3 millones de personas a pesar de los intentos del primer ministro Shapur Bajtiar por tratar de calmar las manifestaciones. Jomeini hizo un llamado a continuar con la rebelión. Y el gobierno terminó por caer el 11 de febrero cuando grupos guerrilleros y tropas rebeldes llevaron al poder a Jomeini. Posteriormente, los iraníes votaron en un referéndum convertirse en una república islámica el 1 de abril de 1979, y aprobaron una Constitución republicana y teocrática donde Jomeini se convirtió en Guía de la Revolución, en diciembre del mismo año.
Desde entonces, la religión ha tenido un rol fundamental en el destino de la población iraní, el cual ha tenido una sangrienta guerra contra Irak, y un congelamiento por décadas de sus nexos con Estados Unidos, así como su rivalidad coin el estado judío.






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