13 de abril
- Laura Meléndez
- hace 12 horas
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Día número 102 del año…felicidades a los cumpleañeros o a quienes celebran algún aniversario especial: también celebran su santo Martín, Sabás, Hermenegildo y Quintiliano.
Son 151 años lo que cumple este 13 de abril la primera sesión de la Academia Mexicana de la Lengua en el año de 1875: institución cultural creada en la Ciudad de México que se encarga de velar por el buen uso de la lengua española. Una segunda sesión que ratificó su creación se produjo el 11 de septiembre de ese año, y a ella han pertenecido muchas de las más ilustres figuras de las letras y las ciencias mexicanas. En otras palabras, su misión esa cuidar la pureza de la lengua española. La sesión inaugural se realizó luego de varios intentos por crear un organismo que entre sus objetivos tuviera conservar y restituir la pureza del español, reimprimir y hacer circular las obras de autores clásicos.
En sus varios propósitos destacó redactar diccionarios y gramáticas de las lenguas habladas en territorio nacional, conformar atlas del uso del idioma, seleccionar obras útiles para el estudio de la poesía y la elocuencia, auxiliar en el uso y estilo de la lengua a quienes lo requirieran, establecer premios y corregir el uso anárquico de la ortografía, como fue la Academia de la Lengua de 1835.
A pesar de su instauración, bajo la dirección de José María de Bassoco y una mesa directiva en la cual participaron personajes de la talla de Joaquín García Icazbalceta y José María Roa Bárcena, la preservación, defensa y cultivo del español de México sólo fue posible gracias a esfuerzos individuales.
En sus comienzos, la Academia Mexicana de la Lengua constaba de 12 miembros, organizada a través de una mesa directiva. La labor de la academia se realiza en juntas, de carácter público o privado, una o más veces al mes. El tipo de trabajos que se analizan y discuten en las juntas son de carácter lexicográfico, lingüístico y literario.
La mesa directiva está compuesta por un director, un director adjunto, un secretario, un secretario adjunto, un censor estatutario, un bibliotecario-archivero y un tesorero, elegidos todos de entre los académicos de número, por mayoría absoluta de votos de los académicos que concurran a la sesión en la cual se les elija, en escrutinio secreto. Las sesiones son privadas o públicas; las primeras pueden ser ordinarias o extraordinarias, y las públicas tienen el carácter de solemnes cuando la academia lo acuerde. El tipo de trabajos que se analizan y discuten en el seno de la junta son de carácter lexicográfico, lingüístico y literario.
Cuenta con una vasta biblioteca, que lleva el nombre de uno de sus miembros más eminentes, Alberto María Carreño, cuyo catálogo de consulta está disponible en línea. Su fondo inicial proviene de la adquisición de la que fue biblioteca del académico Alejandro Quijano. Con el transcurso de los años ha ido engrosando el número de sus obras con importantes aportaciones. A las entregas de libros publicados por los señores académicos se han agregado los envíos de la Real Academia Española, de las academias hispanoamericanas, de algunas empresas editoriales y de librerías, así como de entidades culturales oficiales y privadas.
Desde su creación, la labor de la academia se ha plasmado en la publicación de las Memorias y un Anuario. En las Memorias aparecen los trabajos leídos por los miembros de la Academia en las sesiones y otros, que, a su juicio, puedan merecerlo. Por su parte, en el Anuario se da noticia de los cambios en la lista de miembros de la academia. Asimismo, se ha preocupado por la investigación de la utilización de la lengua española en México, labor que ha cristalizado en la publicación de distintas obras de consulta, de entre las que destacan:
El Diccionario geográfico universal (1997), que recoge los nombres en español de varias entidades geográficas del mundo y de sus adjetivos gentilicios. Se incluyen, a título informativo, los nombres en la lengua o las lenguas del país de que se trata, si se escriben normalmente con el alfabeto latino, así como latinizados si en su región se utiliza otro sistema de escritura.
El Refranero mexicano (2004), que tiene su origen en un proyecto que la academia emprendió con motivo de la conmemoración de su 125° aniversario. Después de un arduo trabajo, apareció el Índice de mexicanismos (2000), colección de refranes empleados en México desde principios del siglo XIX hasta la actualidad y que se ha convertido en referencia para el estudio del español hablado en este país. A partir de este Índice nacieron dos obras: Diccionario breve de mexicanismos (2001), con 6 mil 200 artículos lexicográficos, que incluyen palabras, locuciones e incluso varios elementos léxicos, de Guido Gómez de Silva; y Refranero mexicano Archivado el 24 de febrero de 2018 en Wayback Machine., producto de la investigación de investigadores de la academia.
El Diccionario de mexicanismos (2010), en coedición con Siglo XXI Editores. La coordinación estuvo a cargo de Concepción Company Company. Fue presentado el 21 de noviembre de 2010 en la Sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes y el 29 de noviembre en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Contiene 11 mil 400 voces y 18 mil 700 acepciones propias del léxico mexicano.
El Diccionario escolar (2012), redactado por José G. Moreno de Alba, Felipe Garrido y Rocío Mandujano Servín. Esta obra fue totalmente elaborada por la Academia Mexicana de la Lengua y se puso a disposición de las academias hermanas de América para que sirva de base en la redacción de diccionarios, regionales o nacionales, en los países de la Hispanoamérica.
En su vocación de constante adaptación a las nuevas tecnologías y en sintonía con la nueva sociedad de las comunicaciones, la Academia Mexicana de la Lengua ha incluido algunas de las obras anteriores en su página web para que puedan ser consultadas de forma interactiva, como parte de la Asociación de Academias de la Lengua Española.






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