“Ya te dije adiós, ahora ¿cómo te olvido?”: de Vargas Llosa a Isabel Preysler. Por José Luis Morales
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- 7 ene 2023
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Actualizado: 7 ene 2023

Las revistas del corazón explican el rompimiento del escritor peruano Mario Vargas Llosa con Isabel Presley como una separación por incompatibilidad de caracteres.
Es realidad es mucho más que eso: una discrepancia en gustos, intereses y cultura.
Isabel Presley se ha caracterizado por llevar una vida frívola.
Y Mario Vargas Llosa (MVLL) por el amor que le profesa a la literatura desde muy joven, en donde ha labrado una importante obra que lo hizo merecedor del Premio Nobel en 2010.
Si detrás de todo gran hombre hay una gran mujer, en el caso de MVLL, habrían tres: la tía Julia, Patricia y, desde hace siete años, Isabel Presley, tercera en discordia.
Con la primera, tía política del escritor, MVLL se casó a los 18 años. Ella tenía 28 y no obstante las amenazas del padre de escritor, y del escándalo familiar, el matrimonio de consumó.
Años después en París, el autor de La ciudad y los perros, adicto a los amores incestuosos, fue cautivado por su prima Patricia, y sin tocarse el corazón abandonó a la tía Julia, no sin que antes ésta le advirtiera a Patricia que algún día le iría igual con varguitas.
Y como se lo predijo, sucedió.
Luego de hablar maravillas de Patricia en su discurso de recepción del premio Nobel de literatura, MVLL la mandó a la porra y corrió a los brazos de Isabel Presley, quien le había puesto el ojo al escritor desde años atrás.
Ahora el autor de La casa verde y Conversación en la catedral, revira y todo parece indicar que regresa con Patricia.
Ese es MVLL, un gran escritor, pero en el terreno amoroso igual que cualquier mortal, inestable, fallido, dando traspiés de ciego.
Con la tía Julia duró siete, ocho años, y cuando apareció Patricia, no dudó en correr a sus brazos, rompiéndole el corazón a Julia.

Con Patricia fueron más de 40 años y acaba de celebrar en Nueva York 50 de casados, porque nunca se divorció de ella y, según parece, ella lo espero pacientemente y no ha dudado en recibirlo de nuevo.
Afortunado en el amor y en la escritura, Mario Vargas Llosa anunció desde hace mucho que Patricia era un pilar, un hueso duro de roer.
En la ceremonia de entrega del Nobel, públicamente le dirigió un panegírico:
“El Perú es Patricia, la prima de naricita respingada y carácter indomable con la que tuve la fortuna de casarme hace 45 años y que todavía soporta las manías, neurosis y rabietas que me ayudan a escribir. Sin ella mi vida se hubiera disuelto hace tiempo en un torbellino caótico y no hubieran nacido Álvaro, Gonzalo, Morgana ni los seis nietos que nos prolongan y alegran la existencia.
Ella hace todo y todo lo hace bien. Resuelve los problemas, administra la economía, pone orden en el caos, mantiene a raya a los periodistas y a los intrusos, defiende mi tiempo, decide las citas y los viajes, hace y deshace las maletas, y es tan generosa que, hasta cuando cree que me riñe, me hace el mejor de los elogios: ‘Mario, para lo único que tú sirves es para escribir’”.
Un reconocimiento con ciertos visos de machismo, pero al fin y al cabo reconocimiento.
En el 2020, en “Los vientos”, un largo y aburrido cuento de corte autobiográfico, el escritor anticipó el fin de su último amor y el regreso a los brazos de Patricia; en ese texto pone la siguiente declaración en labios del protagonista, un hombre entrado en años que repentinamente no sabe cómo regresar a casa
“Todas las noches, parece mentira, desde que cometí la locura de abandonar a mi mujer, pienso en ella y me asaltan los remordimientos. Creo que solo una cosa hice mal en la vida: abandonar a Carmencita por una mujer que no valía la pena (…). Todas las noches pienso en ella y le pido perdón”, reza uno de los párrafos.
No es coincidencia, el primer nombre de Patricia es Carmen, y éste párrafo sin duda fue un anuncio de lo que ya se gestaba en la cabeza y el corazón de MVLL, quien también podría estar tirando la toalla por el decaimiento de sus facultades amatorias, igual que el anciano de su ficción. .
Tengo un amigo que luego de 20 años de casado abandonó a su esposa, una mujer muy guapa, por otra no tan agraciada, pero de la que minutos antes de presentármela me dijo: “no es tan bonita como mi ex, pero vieras qué tan servicial”.
Ésta podría ser otra razón, el
escritor no pudo más con el tren de vida y gastos de la Presley y prefirió regresar a una vida más tranquila con su administradora.

Aunque abandonar a la mamá de Enrique Iglesias tal vez también sea por celos, pues la Presley sigue siendo una mujer hermosa, de gran personalidad y en plenitud física y mentalmente a sus 71 años; y a su lado el escritor peruano luce tan avejentado por la edad, que más parece el abuelito de la Presley que el amante alocado e impetuoso que alguna vez fue.
Superar a Isabel no parece que será tan sencillo como haber dejado a la tía Julia y a Patricia, porque Isabel es una de esas mujeres qué tal vez se puedan evitar, hacer a un lado, pero olvidarse, lo que se dice olvidar, jamás.
A tal grado lo anterior que a
Mario Vargas Llosa le podríamos aplicar la sentencia del psicólogo argentino Walter Rizo, título de uno de sus libros:
“Ya te dije, adiós - Isabel - ahora ¿cómo te olvido?”
Simplemente imposible con un mujerón de tal envergadura, la cual Marito va a extrañar y llevar por siempre en su mente, y a la que por su avanzada edad ya no tendrá tiempo de recobrar.






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