Propone ONU mecanismo para aliviar cerco en Ormuz
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Las guerras ya no se limitan a provocar el cierre de puertos o a amenazar buques. Empiezan a estrangular al mismo tiempo las grandes arterias del comercio mundial. Desde el estrecho de Ormuz hasta el mar Negro, pasando por el mar Rojo y el golfo de Adén, António Guterres alertó la confluencia de conflictos cuyas consecuencias se sienten más allá de los campos de batalla.
“Estas crisis están asfixiando las arterias del comercio mundial y sometiendo al sistema alimentario global a una presión especialmente fuerte”, declaró el Secretario General de Naciones Unidas ante la prensa en Nueva York, y añadió que ya se perciben consecuencias tangibles: “precios más altos, agravamiento del hambre, cosechas más reducidas y mayores dificultades, especialmente para las poblaciones más vulnerables del mundo”.
La advertencia llega mientras el tráfico marítimo por el estrecho de Ormuz, por donde transita una parte crucial de los hidrocarburos mundiales, sigue siendo extremadamente reducido.
Según datos recogidos por la prensa, solo 4 buques que transportaban materias primas atravesaron el paso el domingo, frente a 13 el sábado. En la última semana, el tráfico detectado por los sistemas de identificación de buques se mantenía alrededor de un 90% por debajo de los niveles previos al conflicto entre Estados Unidos e Irán.
La tensión aumentó aún más el lunes, con el anuncio de Teherán de que había incluido a 45 petroleros en una lista negra por presuntas violaciones de las normas iraníes de tránsito.
La disputa en torno a Ormuz, que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán, se ha convertido en uno de los principales focos del conflicto. Las negociaciones impulsadas por Omán para tratar de restablecer la navegación no han permitido superar el punto muerto.
Para Guterres, la libertad de navegación no puede convertirse en moneda de cambio. “Los derechos y libertades de navegación no son principios abstractos. Forman parte del derecho internacional”, insistió, al tiempo que reclamó la protección de los buques civiles y los marineros y el fin de los ataques contra la navegación comercial.
La amenaza se extiende de una ruta marítima a otra. En Bab el Mandeb, punto estratégico de paso entre el mar Rojo y el golfo de Adén, los ataques contra la navegación también han perturbado una ruta esencial entre Asia y Europa. Para el responsable de la ONU, Ormuz, Bab el Mandeb y el mar Negro configuran un comercio mundial en el que varios de sus puntos neurálgicos se encuentran afectados simultáneamente por los conflictos.
A miles de kilómetros de distancia, la guerra en Ucrania plantea otra amenaza para el suministro mundial. En las últimas semanas, los ataques contra puertos, buques e infraestructuras de exportación en el mar Negro han perturbado los envíos de dos grandes potencias agrícolas, Rusia y Ucrania.
El comercio de trigo ya está acusando el impacto. Los precios en Chicago (referencia mundial para los precios de las materias primas agrícolas) han subido más de un 17% desde principios de julio, mientras decenas de cargamentos han sufrido retrasos o han sido cancelados en plena temporada de exportación. Los países que dependen en mayor medida de los cereales procedentes del mar Negro son los más expuestos.
El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, afirmó que Moscú “no está preparado” para aceptar el cese de los ataques contra los buques que transportan productos agrícolas en el mar Negro. Rusia quiere incluir en un eventual acuerdo los ataques ucranianos contra sus refinerías e infraestructuras energéticas. Moscú asegura, por su parte, que está adoptando medidas para preservar sus exportaciones de cereales.
Guterres detalló un mecanismo en el que trabaja desde marzo un equipo integrado, entre otros, por la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo, la Organización Marítima Internacional y la Cámara de Comercio Internacional.
El dispositivo, centrado inicialmente en los fertilizantes y las materias primas necesarias para fabricarlos, convertiría a la ONU en un intermediario neutral: los cargamentos serían identificados y verificados con antelación para hacer que su tránsito por Ormuz fuera más ordenado y previsible. Sin embargo, no crearía ningún derecho de paso ni modificaría las obligaciones de los Estados en virtud del derecho internacional.
La ONU espera que esta cooperación limitada permita recuperar un nivel suficiente de confianza entre las partes para favorecer la desescalada y la diplomacia. El mecanismo podría ponerse en marcha rápidamente, asegura Guterres, pero todavía le falta lo esencial: “la cooperación y la voluntad política de las partes”.
Este mecanismo, reconoció el Secretario General, no sustituirá ni el restablecimiento pleno de la libertad de navegación ni la solución política de los conflictos. Su objetivo es más modesto: evitar que varias guerras, al confluir en las rutas marítimas, terminen pasando factura a los países que están más alejados de ellas y que tienen menos capacidad para pagarla.






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