Mientras el Himalaya se derrite, inundaciones mortales se convierten en la nueva normalidad
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El deshielo está transformando el Himalaya, pero el peligro no procede únicamente de las montañas. Cada vez más personas, carreteras, hoteles y centrales hidroeléctricas se concentran en los valles por donde pueden descender súbitamente agua, hielo y escombros.
Un día antes de que una avalancha de hielo, rocas y agua lodosa arrasara los valles del Himalaya a lo largo de la frontera entre Nepal y China, Dipesh Chapagain conversaba con un colega sobre lo devastador que podría resultar un desastre de esa magnitud.
Para este investigador climático que creció en las colinas del este de Nepal y ahora estudia los peligros de las zonas montañosas en la Universidad de las Naciones Unidas, en Bonn, Alemania, el tema era tanto profesional como personal.
El miércoles por la mañana, a las 8:37, una ladera situada en lo alto del Himalaya se desplomó. El derrumbe fue tal que los instrumentos sísmicos lo registraron como un evento de magnitud 5,2, confundiéndolo inicialmente con un terremoto. El lecho rocoso situado debajo de un glaciar cedió y arrastró una enorme masa de hielo y roca unos mil 200 metros hacia el fondo del valle.
Agua, sedimentos y enormes rocas se precipitaron hacia los ríos, arrasando pueblos y localidades situados a lo largo de una de las rutas comerciales más importantes entre Nepal y China. En una de las estaciones de monitoreo, el nivel del agua aumentó hasta 9 metros en apenas media hora.
La estructura helada del Himalaya está cambiando, exponiendo a millones de personas a peligros cada vez más difíciles de predecir y, en algunos casos, más destructivos.
Los expertos todavía intentan reconstruir la secuencia de acontecimientos que condujo al desastre. El análisis de imágenes satelitales sugiere que el lecho rocoso situado debajo de un glaciar cedió, provocando que una enorme masa de hielo y roca cayera sobre el Lhende Khola, un afluente del río Bhotekoshi, y desencadenara la destructiva sucesión de acontecimientos que siguió.
El mecanismo fue diferente al de las inundaciones provocadas por el desbordamiento repentino de lagos glaciares que Chapagain y sus colegas estudian en toda la región del Hindu Kush-Himalaya
Una investigación reciente del programa analizó 493 inundaciones de este tipo, desde los primeros registros disponibles hasta 2024. Los resultados muestran que estos fenómenos se han vuelto aproximadamente 5 veces más frecuentes desde 1950, pasando de un promedio de alrededor de 7 por década a 34.
Estas inundaciones suelen producirse cuando el agua procedente del deshielo se acumula en lagos alrededor de glaciares en retroceso, muchas veces contenida por barreras inestables de hielo, roca suelta o sedimentos.
Sin embargo, el desastre del miércoles parece haber seguido una secuencia diferente. En lugar de producirse el desbordamiento de un lago glaciar, una masa de roca y hielo se desprendió de la montaña y generó un torrente en las zonas inferiores. Los investigadores estudian ahora si los escombros bloquearon temporalmente el río antes de que esa barrera cediera.
No está claro si el cambio climático provocó el derrumbe del miércoles. Sin embargo, el calentamiento global está transformando rápidamente los entornos de gran altitud en los que ocurren estos desastres. A medida que los glaciares se derriten y el permafrost se descongela, las rocas que antes estaban sostenidas o unidas por el hielo pueden volverse inestables, mientras que el aumento del agua de deshielo puede debilitar aún más las laderas.
Las consecuencias van mucho más allá de las comunidades de montaña. El Hindu Kush-Himalaya alimenta 10 grandes cuencas fluviales de las que dependen unos 2100 millones de personas para obtener agua, alimentos, energía y medios de vida.
Cuando Chapagain era niño, explicó, las familias de muchas zonas montañosas de Nepal construían tradicionalmente sus viviendas en las partes más elevadas de las laderas, mientras cultivaban arroz y otros productos en terrenos más planos próximos a los ríos.
Con el tiempo, carreteras, negocios, hoteles y proyectos hidroeléctricos se han concentrado cada vez más en los valles fluviales, donde construir resulta más sencillo y existen mayores oportunidades económicas. Las fuentes de agua de algunos asentamientos situados en zonas elevadas también se han ido secando, señaló Chapagain, empujando a sus habitantes a trasladarse hacia terrenos más bajos.
Esto ha creado una peligrosa convergencia: mientras el calentamiento transforma las montañas, cada vez más personas e infraestructuras se concentran en los corredores por los que descienden el agua y los escombros.
El valle devastado por la inundación del miércoles refleja esa colisión. El corredor Bhote Koshi-Trishuli alberga una importante ruta comercial hacia Katmandú y está rodeado de centrales hidroeléctricas, puentes, carreteras, hoteles y asentamientos.
El peligro ya había dado señales de advertencia. El año pasado, el desbordamiento repentino de un lago glaciar afectó al mismo sistema fluvial, causando nueve muertos y dejando 24 desaparecidos.
Para Chapagain, la catástrofe del miércoles también dejó al descubierto una debilidad fundamental: el escaso tiempo de advertencia que pueden tener las comunidades antes de que un desastre originado en lo alto de las montañas las alcance.
Reducir el peligro, sostiene, exige comenzar mucho más arriba: monitorear continuamente los glaciares y las laderas inestables, utilizar observaciones satelitales, disponer de estaciones meteorológicas y medidores de los ríos y contar con sistemas de alerta temprana capaces de proporcionar a las comunidades el tiempo suficiente para evacuar.
Los glaciares continuarían perdiendo masa durante décadas debido al calentamiento que ya está incorporado al sistema climático. La humanidad todavía puede influir en cuánto hielo se perderá finalmente. Sin embargo, tiene mucho menos control sobre lo que ocurrirá en el futuro inmediato.






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