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La Inquisición novohispana más allá de los mitos. Conoce todos los detalles en Persecución y modorra de Úrsula Camba

Laura Meléndez
hace 19 horas
2 min de lectura

Libro Persecución y modorra. La Inquisición en la Nueva España
Libro Persecución y modorra. La Inquisición en la Nueva España

La Inquisición en la Nueva España no fue exactamente como la hemos imaginado. No todos los acusados terminaron en la hoguera, los indígenas quedaron fuera de la jurisdicción del Santo Oficio después de un episodio temprano y muchos de los famosos “instrumentos de tortura inquisitorial” que hoy vemos en museos nunca fueron utilizados por la institución.


Úrsula Camba Ludlow regresa a los documentos para revisar qué sabemos realmente sobre el tribunal en Persecución y modorra: la Inquisición en la Nueva España.


Publicado bajo el sello Grijalbo de Penguin Random House Grupo Editorial, el libro reconstruye el funcionamiento de una institución que estuvo presente durante buena parte del periodo virreinal.


La autora estudia sus procedimientos, jurisdicción y estructura burocrática, pero también las diferencias entre lo que establecían las normas y lo que sucedía en la práctica . Factores como las distancias, las rivalidades políticas, los problemas económicos y hasta el carácter de los propios inquisidores podían modificar la aplicación de las disposiciones.


Uno de los datos que permite dimensionar al tribunal es la extensión de su jurisdicción. El Santo Oficio novohispano debía cubrir casi tres millones de kilómetros cuadrados, desde Nuevo México hasta territorios que actualmente corresponden a Guatemala, Belice, Costa Rica y Nicaragua, además de Filipinas. Para hacerlo contaba con una estructura mucho menor que la disponible para los tribunales españoles.


El libro también permite matizar algunas ideas muy extendidas. Tras la condena a la hoguera del cacique texcocano don Carlos Ometochtzin en 1539, la Corona determinó que los indígenas no fueran perseguidos por el Santo Oficio por delitos de fe y quedaran sujetos a la autoridad episcopal.


Camba Ludlow revisa asimismo la imagen de una Inquisición dedicada principalmente a la tortura y las ejecuciones. En Nueva España, buena parte de las causas estuvieron relacionadas con judaizantes, herejía, blasfemia, bigamia, hechicería, solicitación y, posteriormente, libros prohibidos, entre otros asuntos vinculados con la ortodoxia religiosa. La autora también señala que los célebres artefactos exhibidos en algunos museos como instrumentos inquisitoriales proceden en buena medida de construcciones posteriores alimentadas por la literatura y la cultura popular.


Pero quizá una de las posibilidades más interesantes de los archivos inquisitoriales sea otra: permiten acercarse a personas que dejaron muy pocos rastros en otras fuentes. Los expedientes conservan información sobre comerciantes, artesanos, piratas, esclavos, mujeres acusadas de hechicería, funcionarios y presos ; registran desde sus declaraciones y conflictos hasta su ropa, alimentación y formas de enfrentar el encierro. La historia de Nicolasa de San Agustín, una mujer negra esclavizada encarcelada en el siglo XVII, muestra hasta qué punto estos documentos permiten reconstruir fragmentos de la vida de personas que normalmente permanecen fuera de los grandes relatos históricos.


Con una escritura accesible y atención a las fuentes, Persecución y modorra propone revisar al Santo Oficio dentro de la sociedad que lo hizo posible: una institución persecutoria y de control religioso, pero también un aparato burocrático marcado por irregularidades, conflictos, intereses y personajes profundamente humanos.

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