La importancia de la Salud mental hoy…

A escala mundial, más de mil millones de personas tienen una afección de salud mental.
La salud mental es un estado de bienestar mental que permite a las personas hacer frente a los momentos de estrés de la vida, desarrollar todo su potencial, aprender y trabajar adecuadamente y contribuir a su comunidad. Tiene un valor intrínseco e instrumental y es un derecho humano fundamental.
Se da en un proceso continuo complejo, que cada persona experimenta de una manera diferente. En un momento dado, un conjunto diverso de factores individuales, familiares, comunitarios y estructurales pueden combinarse para proteger la salud mental o socavarla.
Aunque la mayoría de las personas son resilientes, las que están expuestas a circunstancias adversas corren un mayor riesgo de tener una afección de salud mental.
Las afecciones de salud mental comprenden los trastornos mentales y las discapacidades psicosociales, así como otros estados mentales asociados a un alto grado de angustia, discapacidad funcional o riesgo de conducta autolesiva. Muchas afecciones de salud mental pueden tratarse con eficacia a un costo relativamente bajo, aunque los sistemas de salud siguen teniendo considerables limitaciones de recursos y en todo el mundo se registran importantes brechas terapéuticas.
El Día Mundial de la Salud Mental se celebra el 10 de octubre, y hoy recordamos que los riesgos y factores de protección que influyen en la salud mental actúan en múltiples niveles.
Hay factores individuales, como las habilidades emocionales, el uso indebido de sustancias y la genética, que pueden incrementar la vulnerabilidad a los problemas de salud mental.
Los factores sociales y ambientales –como la pobreza, la violencia, la desigualdad y la degradación del medio ambiente– también aumentan el riesgo de sufrir afecciones de salud mental.
Los riesgos pueden manifestarse en todas las etapas de la vida, pero los que sobrevienen durante periodos sensibles del desarrollo, sobre todo en la primera infancia, son especialmente perjudiciales. Por ejemplo, la crianza severa y los castigos físicos pueden dañar la salud infantil y el acoso escolar es un importante factor de riesgo de las afecciones de salud mental.
Del mismo modo, los factores de protección se dan durante toda la vida y contribuyen a reforzar la resiliencia. Entre ellos se cuentan las habilidades socioemocionales individuales, las interacciones sociales positivas, el acceso a una educación de calidad, trabajo decente, vecindarios seguros y sólidos lazos comunitarios.
Los riesgos para la salud mental y los factores de protección de la salud mental pueden encontrarse a diferentes escalas. A escala local, los retos afectan a personas, familias y comunidades, mientras que las amenazas a escala mundial –recesiones económicas, brotes epidémicos, emergencias humanitarias, desplazamientos forzados y cambio climático– repercuten en toda la población.
Ningún factor por sí solo permite prever de forma fiable los desenlaces en materia de salud mental. Muchas personas expuestas a factores de riesgo nunca llegan a presentar una afección de salud mental, mientras que otras pueden verse afectadas sin ningún riesgo conocido. Con todo, la interacción de esos determinantes moldea colectivamente la salud mental a lo largo del tiempo.
El Día Mundial de la Salud Mental es una oportunidad para hacer participar de manera significativa a las personas con experiencia vivida en el terreno de los trastornos mentales y para reconocer que sus conocimientos al respecto son una forma vital de experiencia. La campaña de este año pide que sus voces orienten las políticas, los servicios y las decisiones que les afectan.
Se entiende por experiencia vivida lo que un individuo ha experimentado en primera persona, especialmente cuando esas vivencias le dan unos conocimientos o una comprensión de la que carecen las personas que solo conocen esas experiencias de oídas o por haber leído al respecto. Demasiado a menudo, pedimos a las personas con experiencia vivida que compartan su historia pero las excluimos de las decisiones. La participación significativa va más allá de limitarnos a escuchar sus voces.
Significa crear oportunidades para que las personas influyan en las decisiones, participen en el diseño de servicios, fortalezcan los enfoques liderados por homólogos, se enfrenten a la estigmatización y refuercen la rendición de cuentas. Cuando las personas con experiencia vivida participan de manera significativa, los sistemas de salud mental pueden pasar a estar más centrados en la persona, adoptar un enfoque más basado en los derechos y responder a las necesidades y las preocupaciones de las personas.
Una prioridad importante para las personas con experiencia vivida es pasar de instituciones psiquiátricas para estancias de larga duración a una atención de la salud mental comunitaria y centrada en la persona. Las instituciones tienden a aislar a la persona y, demasiado a menudo, están asociadas a cuidados de mala calidad, coacciones y abusos de derechos humanos.






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