Vejez se vive diferente en cada entidad de México, dice experta universitaria
- Información 25
- 4 may
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La vulnerabilidad socioterritorial de las personas mayores en nuestro país es el resultado histórico de los modelos de desarrollo que generaron distribución desigual del empleo, seguridad social, atención médica, de infraestructura y servicios; oportunidades o desventajas de acceso y desarrollo de capacidades de bienestar entre regiones y grupos sociales.
Esto señaló la coordinadora del Seminario Universitario Interdisciplinario sobre Envejecimiento y Vejez de la UNAM, Verónica Montes de Oca Zavala, quien puntualizó lo anterior al participar en el I Coloquio Internacional Vulnerabilidad socioterritorial de las personas mayores: retos y perspectivas, organizado por el Instituto de Geografía
Expuso que esta etapa de la vida no es una experiencia homogénea, razón por la cual se vive de manera distinta en Monterrey que en Oaxaca o Chiapas, por ejemplo.
Remarcó que esta población en el país actualmente suma 17.8 millones y va en aumento. Para 2070 representará 34.2%, es decir, 48.4 millones, de acuerdo con el Consejo Nacional de Población.
Las vulnerabilidades, agregó Verónica Montes de Oca, se relacionan con condiciones acumuladas sobre el entorno a lo largo del curso de vida, acceso a la salud, trabajo formal o no, medicinas, movilidad, seguridad y cuidados. También con el género, clase social, pertenencia a una etnia y ubicación territorial.
Al ofrecer la conferencia “Interseccionalidad territorial del envejecimiento”, detalló que las personas mayores de 60 años en nuestra nación representan 12.8% de la población total; tienen más presencia en el centro y sur.
La capital de la República mexicana registra el principal porcentaje (16%), seguida de Morelos y Veracruz con 14%; Michoacán, Nayarit, Oaxaca, San Luis Potosí y Sinaloa 13%. Además, subrayó que hay feminización del envejecimiento. En casi todas las entidades federativas las mujeres representan mayor proporción, de 53 a 54%
Aunque ellas tienen mayor esperanza de vida, están en condiciones precarias, sin seguridad, pues la mayoría tuvo trabajos no remunerados -doméstico y cuidados-, sus trayectorias laborales son discontinuas, informales y precarizadas. Esto tiene efectos en su vejez: menores ingresos, poco acceso a pensiones contributivas, dependencia económica, sobrecarga de cuidados, entre otros.
La investigadora del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM detalló que las entidades del norte presentan los niveles más altos de afiliación a los servicios de salud: Baja California Sur, Chihuahua y Nuevo León con 90 por ciento; mientras en el sur y sureste son bajos y Michoacán registra el porcentaje menor: 68.






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