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  • Laura Meléndez

Recordando el más gran actor y director del siglo XX: Laurence Olivier


Un día como hoy 11 de julio de 1989, murió sir Laurence Kerr Olivier, nombrado barón Olivier y conocido artísticamente como Laurence Olivier actor y director de cine británico catalogado por la crítica como el más grande actor del siglo XX: cuestión de gustos. De esto han pasado ya 24 años.

Fue hijo de un pastor protestante y apenas a los 10 años de edad, llamó la atención al interpretar a Bruto en la representación teatral de Julio César de William Shakespeare y siete años más tarde interrumpió sus estudios en Oxford, para estudiar Arte Dramático en Londres.

A finales de los años 20, debutó como actor de teatro y no tardó en convertirse en un gran especialista en obras de Shakespeare, hasta que en la década de los treinta llegó a ser una de las principales figuras de la compañía del famoso Old Vic Theatre, mientras desarrolla una carrera como actor de cine en varias películas británicas.

Trabajó a lo largo de su vida en 120 obras teatrales, 60 películas y 15 series de televisión, recibió en 1989 el Oscar por su carrera profesional y al llegar a Hollywood se convirtió en actor de películas románticas debido a su Heath Cliff en la cinta Cumbres Borrascosas, dirigido por William Wyler y en Rebeca de Alfred Hitchcock.

La Segunda Guerra Mundial interrumpió su ascendente trayectoria y solo quedó fue llamado para intervenir en películas de propaganda bélica, como el documental Los conquistadores del aire de los hermanos Korda, la obra de ficción Lady Hamilton o Los invasores de Michael Powell…. En 1946 ya como productor y director dirigió el filme Enrique V, una cinta basada en la visión trágica de Shakespeare y por la que ganó varios premios Óscar además de que ese éxito le ayudó a dirigir y protagonizar Hamlet, éxito que le hizo ganador del León de Oro en el Festival de Venecia, el Óscar a la mejor película y al mejor actor.

En los años 50 dirigió el Old Vic Theatre y también se dedicó al teatro, aunque volvió Hollywood para protagonizar Carrie de William Wyler y para terminar su trilogía shakesperiana con Ricardo III, que no obstante la trama, no tuvo el éxito de las anteriores cintas.

Laurence Oliver, ganó fama como un actor de interpretaciones sólidas y marcadas por un personal estilo psicológico. fue así como cerró su carrera como director con El príncipe y la corista, comedia con Marilyn Monroe como protagonista y él de co- estelar, además de participar en cintas como Espartaco, donde da vida al cónsul Craso, dirigido por Stanley Kubrick. El animador, de Tony Richardson,Las sandalias del pescador, con Anthony Quinn o El rapto de Bunny Lake, de Otto Preminger.

Tras conseguir todo tipo de honores y ser un mito del teatro británico, en los años setenta y ochenta se limitó a hacer papeles secundarios en películas de renombre como La huella, en la que tuvo un enorme duelo interpretativo con Michael Caine, Marathon Man de John Schlesinger o Los niños del Brasil de Franklin J. Schaffner

En los años setenta protagonizó una serie de películas para televisión entre las que sobresale Amor entre ruinas con Katharine Hepburn y Jesús de Nazaret" en el papel de Nicodemo, logrando otra destacada labor sobresaliente en esa miniserie, que está considerada una de las más grandes superproducciones del cine relacionado con la vida de Jesucristo.

Casado en segundas nupcias con Vivien Leigh con quien mantuvo una relación tormentosa, se divorció para casarse con la actriz británica Joan Plowright y murió el 11 de julio de 1989, en el Reino Unido a los 82 años de edad, su cuerpo fue cremado y sus cenizas fueron sepultadas en la Abadía de Westminster.



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