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Probado Guillermo Sheridan es aviador en la UNAM. Por José Luis Morales Baltazar

  • Información 25
  • 11 ene 2023
  • 4 min de lectura

Un documento de la UNAM obtenido por transparencia sobre las actividades académicas de Guillermo Sheridan da fe de que el “investigador” de la FFyL de la UNAM es un aviador desde hace más de 40 años.


Reza un dicho que a quien escupe al cielo le cae en la cara.


Es el caso de Guillermo Sheridan, un huevonazo y vividor de marca que lleva 44 años cobrando sin trabajar en la UNAM, aprovechándose de la reglamentación para profesores y maestros que les permite faltar a sus labores cada que se les pegue la gana.


Sheridan dio a conocer el escandaloso plagio de una tesis por parte de la magistrada Yasmín Esquivel, pero en su momento yo y otras voces dimos a conocer que Guillermo Sheridan, un ensayista literario de poca monta, no es tampoco una blanca palomita.


Este sujeto, amparado por la mafia literaria que desde hace décadas se adueñó de la Facultad de Filosofía y Letras y de todos sus centros de investigaciones, se ha pasado la vida paseándose por el mundo y dando clases en el extranjero o dirigiendo centros como la Fundación Octavio Paz, que nada tiene que ver con la UNAM, mediante el “generoso” recurso de pedir constantemente “permisos con goce de sueldo”, que increíblemente siempre se le concedieron hasta el grado de en más de 40 años jamás haber dado una sola clase en licenciatura, actividad a la que están obligados todos los investigadores.


Datos duros sobre la producción Académica y percepciones de Guillermo Sheridan, registrados en el Sistema Integral de Información Académica de la UNAM, y dados a conocer recientemente por el área de Transparencia de la Máxima Casa de Estudios, evidencian que Sheridan ha dado sólo una clase de licenciatura en los últimos 20 años y que se ha ausentado de “su trabajo” durante largos periodos, con la anuencia de permisos oficiales para dictar conferencias, participar en congresos e impartir clases en el extranjero, cobrando allá y cobrando acá, aunque sin trabajar en la UNAM.


Sheridan no es un Octavio Paz, al que le sobraban invitaciones para dictar cátedras en las universidades extranjeras de mayor prestigio, igual que Carlos Fuentes o Juan Rulfo; Sheridan es un tramposo que recurre al viejo truco de autoinvitarse a cuando evento se le ocurre, sin paga de por medio pero a cuenta de la UNAM, que no dudo que también le pague el transporte y los viáticos; igual que a vacas sagradas como Margo Glantz, que se ha pasado la vida dando unas cuantas clases y viajando por el mundo con el cuento de que es la gran especialista de la la vida y obra de Sor Juana Inés de la Cruz.


Sin embargo, lo importante de este asunto no son estos vivales, sino conocer a fondo ese reglamento de trabajo de la UNAM y quién les autoriza sus faltas al trabajo y por qué razón de peso.


No sólo en la FFyL sino en todas las facultades y centros de investigaciones se permite a muchos huevonautas cobrar sin trabajar, aprovechándose del nombre de la UNAM para ser convidados de piedra o autocomisionados en infinidad de eventos que nada tienen que ver con la impartición de clases e investigaciones para los que fueron contratados.


En mis tiempos de estudiante tuve maestros como Germán Dehesa que en todo un año daba una o dos clases y que se aparecía en la Facultad sólo para cobrar; otros como Juan José Arreola, el doctor Luis Rius y el español Juan Manuel Lope Blanch, por citar sólo tres, excelente en sus cátedras, pero que brillaban por su ausencia en clases la mayor parte del año escolar, siendo sus adjuntos (becarios sin sueldo haciendo méritos) quienes los sustituían.


Otro ejemplo: en la Facultad de Derecho hay profesores metidos en lides políticas con cargos en el gobierno o en sus partidos que igualmente cobran sin trabajar.


A pesar de las denuncias de alumnos y profesores, extraña que nadie los puede tocar.


Otro caso son los profesores que piden permisos por años y luego de que caen en desgracia en la política o la administración pública regresan al seno de la UNAM donde conservaron su plaza gracias a un reglamento de trabajo que se los permite; es el caso de Carlos Imaz que abandonó la política por corrupto y volvió a dar clases en la UNAM; de Rosario Robles, que tiene su plaza esperándola; de Ricardo Monreal, que dizque da clases en derecho, y hasta de la Sheinbaum, que seguro también está de permiso fuera de la UNAM, pero dentro para cuando quiera regresar.


Así sucede con las mafias aristocráticas de la UNAM, que manejan a su sueldos y prebendas sin necesidad de trabajar.


Guillermo Sheridan sólo es una puntita del gran iceberg que consume una jugosa parte del presupuesto de la Máxima Casa de Estudios sin desquitar la paga que reciben.


Pero falta hablar de los peores, la camarilla que gobierna desde rectoría, maestros y funcionarios de cuchara grande que quitan y ponen desde rectores hasta los más humildes trabajadores, donde hay familias enteras viviendo del presupuesto de la UNAM gracias a un amigo, un pariente, un funcionario conocido que forma parte de la hidra que gobierna la Máxima Casa de Estudios: los verdaderos dueños de la autonomía o auto gobierno que encabeza la educación en México.


Por falta de espacio, otro día hablaremos de esos.


Posdata: nunca he sido profesor de la UNAM ni de ninguna universidad pública.




**La fuente del reporte de la UNAM sobre Guillermo Sheridan es el reportero César Huerta, de la revista Digital Polemón, fundada en 2015 por el prestigiado periodista Jaimé Avilés, de La Jornada, fallecido en 2017.


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