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Pierde Japón 64% de su petróleo por cierre de Estrecho de Ormuz

  • Laura Meléndez
  • 5 ago
  • 3 min de lectura

Poco a poco se van cumpliendo las malas previsiones sobre el encarecimiento de los precios y los problemas de abastecimiento y suministro auguradas al inicio de la guerra desatada por Estados Unidos e Israel contra Irán.


Los primeros datos comerciales de abril de 2026 revelan el duro impacto que la crisis en el Estrecho de Ormuz está teniendo en los suministros globales de energía, fertilizantes y materiales industriales.


Según un análisis del Centro de Comercio Internacional (ITC), las exportaciones de 12 productos clave procedentes de las economías dependientes de esta ruta marítima se han desplomado, y los mercados importadores, a pesar de diversificar sus fuentes, no han logrado compensar totalmente las pérdidas.


Desde finales de febrero, la reducción del tráfico comercial y el aumento de los costes de transporte y seguros han afectado a los flujos comerciales mucho más allá de la región. El Estrecho de Ormuz, por donde pasa aproximadamente una cuarta parte del comercio marítimo de petróleo y un tercio de la urea comercializada a nivel mundial, se ha convertido en un cuello de botella crítico.


Los datos de abril de 2026 muestran una contracción generalizada:


**Gas natural licuado (GNL): sus volúmenes de exportación cayeron 95%

**Urea (fertilizante): el descenso fue del 83%

**Metanol y amoníaco: las caídas fueron del 80% y 75%, respectivamente


En total, las exportaciones combinadas de los 12 productos seleccionados cayeron un 54% en comparación con el año anterior.


En términos absolutos, la mayor pérdida se concentró en el petróleo crudo, con una reducción de 28 millones de toneladas, seguido de los productos refinados y el GNL.


El impacto no ha sido uniforme. Aquellos mercados con alta dependencia histórica de los proveedores de la zona del Golfo han sufrido las mayores contracciones en sus importaciones totales.


Japón, que tradicionalmente obtenía el 91% de su petróleo crudo de estas economías, registró un desplome del 64% en sus importaciones totales del producto.


Corea del Sur (con 62% de dependencia) y Malasia (con 53%) vieron caer sus importaciones 23% y 41%, respectivamente.


Por otro lado, algunos mercados lograron capear mejor el temporal. Tailandia, por ejemplo, aumentó sus importaciones de petróleo crudo en un 62% al conseguir asegurar cargamentos de proveedores alternativos.


Los datos revelan que, aunque los importadores están buscando alternativas, la sustitución de proveedores ha sido limitada. De los 12 productos analizados, las importaciones desde proveedores alternativos aumentaron para 10 de ellos.


Sin embargo, solo en 2 casos (amoníaco y polímeros de propileno) este aumento logró compensar totalmente la caída de las importaciones desde las economías dependientes del Estrecho.


Estados Unidos y China emergieron como proveedores alternativos clave para productos como el GNL y los polímeros, pero para otros, como el propano y el azufre, las importaciones desde fuera de la zona también disminuyeron.


La situación sigue siendo volátil. Aunque ha habido pausas en el conflicto que generan esperanzas de reapertura, el tráfico sigue muy por debajo de lo normal y no hay certeza sobre cuándo se restablecerá plenamente.


El Fondo Monetario Internacional estimó en sus proyecciones de julio de 2026 que la reapertura podría comenzar a mediados de mes y que la normalización total no llegaría hasta marzo de 2027. Sin embargo, la incertidumbre sigue siendo la norma.


Más allá de la escasez inmediata, el informe alerta sobre los efectos secundarios:


Encarecimiento directo: los costes de la energía, fletes marítimos y seguros están subiendo como consecuencia directa de la interrupción del tráfico en el estrecho


Riesgo de inflación generalizada: al ser la energía un insumo básico para casi toda la producción y el transporte, estas subidas puntuales pueden trasladarse como un efecto dominó a una amplia gama de productos, desde materiales industriales hasta alimentos. Si este traslado se generaliza, la economía podría entrar en un proceso inflacionario, es decir, un aumento sostenido y generalizado de los precios de bienes y servicios


El caso de los fertilizantes es especialmente sensible: el encarecimiento de la urea puede elevar los costes agrícolas y, en última instancia, los precios de los alimentos, golpeando a los países más vulnerables y dependientes de las importaciones


El ITC concluye que la crisis subraya la vulnerabilidad de las cadenas de suministro globales ante puntos de estrangulamiento críticos y la importancia de contar con estrategias de diversificación de proveedores más resilientes.

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