Murió Vicente Quirarte, poeta mayor de la generación de los 50s: por José Luis Morales Baltazar
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Más que un colega, Vicente fue mi hermano en los primeros años de la Universidad, en la mítica Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM.
A principios de la década de los setenta, un tiempo marcado por la agitación política y la llamada «guerra sucia» en América Latina, las rutas juveniles se bifurcaban: mientras unos se inclinaban hacia la ideología marxista, otros, como él, elegían la devoción por la palabra.
Hijo del eminente historiador Martín Quirarte, Vicente heredó desde la niñez el gusto por el mundo intelectual y el amor por las letras y la creatividad, disciplinas a las que entregó sin reservas su vida y sus afanes literarios.
Poeta excelso, asimiló con maestría la tradición hispánica: abrevó con igual avidez en el barroco de Góngora y Quevedo que en la Generación del 27, en particular de Luis Cernuda, a cuyo pensamiento y poética dedicó ensayos fundamentales.
Polígrafo en el sentido más noble de la palabra, desplegó un dominio versátil en poesía, narrativa, ensayo, crónica urbana y dramaturgia.
Como ha señalado la crítica literaria, su obra constituye una cartografía entrañable de la Ciudad de México, plasmada en libros como Elogio de la calle: Biografía literaria de la Ciudad de México (1850-1992) y en otros libros y ensayos esenciales sobre la ciudad como cuerpo y la nocturnidad como revelación lírica.
Su posterior ingreso a El Colegio Nacional confirmó la estatura de una voz indispensable en las letras hispanoamericanas.
La vida nos llevó por cauces distintos en lo profesional —él, consagrado al escritorio de la creación pura y al rigor académico; yo, al periodismo—, pero en cada reencuentro el trato era el mismo: el de los dos muchachos que compartieron el aula y el fervor por los libros.
Junto con Francisco «Pancho» Conde, formó una fraternidad entrañable; solían coincidir en recitales y ferias del libro, donde la conversación se volvía celebración.
Vivió con entrega y pasión el oficio de escritor y poeta, y el ejercicio de la literatura como una forma de magisterio.
Con su partida se despide una figura ejemplar, cabeza de una generación excepcional de poetas y humanistas que tuvimos en Vicente Quirarte a nuestro hermano mayor.
Descanse en paz: maestro, ensayista, amigo entrañable, pero, sobre todo, un grandísimo poeta.






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