Las máquinas procesan símbolos; el humano posee voluntad
- Laura Meléndez
- hace 1 día
- 3 min de lectura

La inteligencia artificial y los sistemas computacionales no tienen capacidad de afectividad ni de actuar con autonomía, afirmó el doctor Luis Alberto Pineda Cortés, investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), durante la conferencia magistral ¿Pueden las computadora
s y los robots tomar decisiones libres?
En su exposición, el especialista abordó conceptos de física, termodinámica, teoría de la información y filosofía de la mente para cuestionar la idea de que las máquinas puedan desarrollar intencionalidad o conciencia semejante a la humana.
Pineda Cortés explicó que el determinismo clásico concebía al universo como un sistema predecible, en el que todos los acontecimientos estaban definidos de antemano. Bajo esa lógica, la deliberación sería solo una ilusión, pues cualquier acción ya estaría condicionada. Sin embargo, la incorporación del concepto de entropía modificó esa visión.
A partir de los trabajos de científicos como Sadi Carnot, Rudolf Clausius, Ludwig Boltzmann y Josiah Willard Gibbs, el ponente planteó que el universo incrementa de manera constante sus estados posibles, lo que introduce incertidumbre e impide predecir el porvenir con precisión absoluta.
Desde esa perspectiva, cada acto de comunicación modifica el estado del mundo, pues transmitir información implica consumir energía y alterar las posibilidades futuras. “Comunicarse cambia el futuro”, aseguró al precisar que incluso un agente omnisciente sería incapaz de conocer el siguiente estado exacto del universo, debido a que el acto comunicativo genera nuevas condiciones y aumenta la incertidumbre.
Retomó la teoría matemática de la información de Claude Shannon para explicar el funcionamiento de los modelos de lenguaje contemporáneos. De acuerdo con Pineda Cortés, las herramientas actuales de IA generativa operan a través de procesos estadísticos que predicen palabras con base en frecuencias y probabilidades, cuyos fundamentos se remontan al trabajo de Shannon desde 1948. “No hay pensamientos, no hay historias; hay palabras”, advirtió al referirse a los grandes desarrollos de lenguaje utilizados hoy en plataformas de IA.
En su opinión, las computadoras procesan patrones de manera mecánica, sin poseer contenidos mentales ni comprensión propia. Por ello, la computación depende de un vínculo estrecho entre seres humanos y tecnologías automatizadas; las personas aportan intención, interpretación y significado, mientras los programas solo procesan símbolos.
Asimismo, recordó que conceptos como emociones, deseos, creencias o voluntad continúan siendo fenómenos subjetivos asociados a la experiencia humana. Con base en las teorías del psicólogo Jean Piaget, propuso que la toma de decisiones libres surge de conflictos emocionales.
Como ejemplo, describió el caso de un maratonista que, pese al agotamiento físico, decide continuar la carrera debido al significado personal y simbólico de concluirla.
Argumentó que los robots carecen de dimensión emocional o autonomía, aun cuando puedan ejecutar tareas complejas o imitar ciertas conductas. Así, los dispositivos automatizados capaces de correr maratones o participar en competencias funcionan dentro de condiciones configuradas y deterministas, por lo que sus acciones no implican elecciones libres.
El académico alertó además sobre la tendencia de gobiernos, empresas y dispositivos propagandísticos a reducir la “entropía social”, es decir, disminuir la diversidad y la habilidad crítica para facilitar el control y la administración de las sociedades. Subrayó el papel de la educación, el arte y la conciencia crítica como fuerzas orientadas a preservar la libertad humana y ampliar la facultad de elección.
Al cierre de la conferencia, concluyó que la humanidad no puede reducirse a un comportamiento maquinal. Aunque esta tecnología transformará numerosos ámbitos de la vida social, no implica la desaparición de la creatividad, la intención, ni la experiencia humana.






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