La memoria barrial cabe en una maleta y resiste al olvido
- Laura Meléndez
- hace 5 horas
- 2 min de lectura

}Una tarjeta de sonido, fotografías familiares, discos, documentos, publicaciones, testimonios y recuerdos de vecinos ocupan el interior de una maleta. Cada pieza resguarda un pasado; juntas forman un archivo creado desde la vida cotidiana de quienes han habitado Bellavista y Tacubaya por generaciones.
En el Centro Cultural Casa del Tiempo de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), el colectivo Bellavista arte más acá presentó una jornada dedicada a la memoria, la identidad barrial y la recuperación de historias comunitarias mediante un museo itinerante concebido como dispositivo para activar recuerdos y fortalecer los vínculos con el territorio.
La iniciativa surgió hace 25 años a partir de una inquietud compartida por sus fundadores, impedir la pérdida de narraciones, conocimientos y experiencias que han dado forma a una de las zonas históricas de la Ciudad de México.
“Respondemos a la necesidad del olvido que hay en torno a lo que somos”, explicó en entrevista Rodolfo Martínez Martínez, integrante del proyecto, al señalar que gran parte central de su labor se ha enfocado en reconstruir una identidad cultural fragmentada por las transformaciones urbanas y el paso del tiempo.
Por medio de relatos, registros fotográficos, intervenciones artísticas, acciones escénicas, lecturas públicas y proyectos de documentación colectiva, Bellavista ha reunido materiales que permiten reconocer la riqueza histórica y cultural del lomerío de Tacubaya.
Durante el conversatorio, Bernardo Morales González, cronista social, relató que muchos de los objetos reunidos en el museo portátil provienen de encuentros con habitantes de la zona, familiares, artistas y amigos que han contribuido a preservar huellas de una tradición colectiva.
“Lo que estamos mostrando aquí es nuestro tesoro”, expresó al referirse a una colección integrada por piezas que funcionan como documentos capaces de evocar vivencias, personajes y momentos significativos de la vida vecinal.
El proyecto también ha propiciado el diálogo entre generaciones. Morales González destacó que una parte fundamental del trabajo consiste en conversar con personas mayores para conservar relatos que podrían perderse con el tiempo.
Entre esas voces figura la de Trinidad Martínez Mendoza, conocido como Pata de Oso, uno de los personajes vinculados con los orígenes del equipo de futbol el Atlante y con el recuerdo popular de la zona, cuya herencia permanece presente en las investigaciones y actividades impulsadas por el grupo.
Para la maestra Cinthya Martínez Benavides, titular del Centro Cultural Casa del Tiempo, iniciativas como esta permiten reflexionar sobre la importancia de resguardar trayectorias vecinales en un contexto marcado por cambios acelerados en la ciudad y en las formas de registrar la vida habitual.
Al dar la bienvenida al movimiento cultural, subrayó que cada objeto documenta una voz y que compartir esos procesos comunitarios permite fortalecer el sentido de pertenencia y los lazos con el entorno. “Cada uno de ustedes es un museo viviente”, afirmó.
La jornada incluyó la lectura de textos de los integrantes de la agrupación, un conversatorio sobre su trayectoria y un recorrido por el museo itinerante, una suerte de terruño portátil que resguarda voces, afectos y legados compartidos.
Lejos de limitarse a una colección de recuerdos, la propuesta plantea una reflexión sobre el testimonio barrial como construcción viva, sostenida por los relatos, experiencias y vínculos de quienes habitan y recuerdan la zona.






Comentarios