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Implantan células humanas en ratones para influir en su comportamiento

  • Información 25
  • 14 oct 2022
  • 2 min de lectura

La revista Nature publica está semana el trabajo de científicos de la Escuela de Medicina de la Universidad de Stanford encabezados por Sergiu Pasca, profesor de psiquiatría, quienes lograron crear una especie de cerebro híbrido al implantar células humanas en ratones de laboratorio.


Los especialistas pudieron influir en el comportamiento de los roedores, además de adentrarse en el conocimiento sobre enfermedades como autismo y epilepsia.


Los científicos usaron el método descrito por Pasca en 2015 para crear células cerebrales usando células madre capaces de transformarse en la mayoría de los tipos de células del cuerpo humano.


Los investigadores multiplicaron estas células en placas de laboratorio para formar grupos y 2 meses después, los expertos injertaron los organoides en el cerebro de los ratones, ubicándolos en el mismo sector de sus cerebros para observar mejor la reacción.


Las células animales se desplazaron hacia el tejido humano, y los organoides implantados crecieron hasta ocupar un tercio del hemisferio del cerebro de los roedores, aunque 6 meses antes medían un quinto de pulgada.


Mas aún, los científicos observaron que las neuronas humanas eran 6 veces más grandes que las de los organoides sin implantar. Asimismo, las neuronas de los organoides establecieron vínculos con las estructuras cerebrales de los roedores.


Por otra parte, el grupo de científicos logró ampliar su conocimiento sobre el síndrome de Timothy, enfermedad congénita asociada al autismo y la epilepsia.


Injertaron un organoide generado a partir de las células cutáneas de un paciente con dicho mal en un sector cerebral de un ratón. En una zona ubicada al otro lado del cerebro, trasplantaron un organoide derivado de un individuo sano.


Entre 5 y 6 meses después, observaron diferencias entre la actividad eléctrica a ambos lados, mientras que las neuronas del organoide con síndrome de Timothy eran mucho más pequeñas.


Como los organoides fueron colocados en el sector del cerebro que procesa la información proveniente de los bigotes de los animales, los especialistas demostraron que las neuronas humanas se activan cuando reciben señales de los órganos sensoriales ratoniles.


Al hacerles cosquillas con aire en los bigotes, las neuronas se volvían eléctricamente activas.


En otro experimento, se logró controlar el comportamiento de los roedores usando células cerebrales humanas sensibles a la luz. Cada vez que los animales querían beber agua, los científicos empleaban ráfagas de luz azul para activar el tejido del organoide humano. Al cabo de 2 semanas, bastaba con pulsar la luz azul en el organoide y los animales empezaban a correr hacia el agua. (RT)


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