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Especialista explica causas del doblete sísmico en Venezuela

  • Laura Meléndez
  • hace 1 día
  • 3 min de lectura
Delfino Hernández Lascares, profesor investigador del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)
Delfino Hernández Lascares, profesor investigador del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM)

El doble terremoto que sacudió el norte de Venezuela, el pasado 24 de junio, dejó, hasta el momento, más de mil 700 personas fallecidas, alrededor de cinco mil lesionadas y un número aún indeterminado de desaparecidos. El fenómeno, integrado por desplazamientos de magnitudes 7.2 y 7.5, ocurridos con apenas 39 segundos de diferencia, constituye un inusual “doblete sísmico”, el más intenso registrado en ese país en más de un siglo.

 

Ante este escenario, el maestro Delfino Hernández Lascares, profesor investigador del Departamento de Biología de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), Unidad Iztapalapa, detalló que la dimensión de la tragedia no solo responde a la fuerza del evento telúrico, también a factores sociales, urbanos y de prevención.

 

“Estos no son desastres naturales, la prensa mexicana los llama así; pero, en realidad, son desastres socio-organizativos”, afirmó el geólogo, experto en gestión integral del riesgo y asesor en protección civil de inmuebles como la Torre Mayor de la Ciudad de México.

 

Refirió que un terremoto por sí mismo no constituye una tragedia si ocurre en un sitio deshabitado. “Un evento en pleno desierto del Sahara no tendría ningún problema”, ejemplificó. La tragedia surge cuando las personas construyen y habitan zonas de exposición sin la planificación, mantenimiento ni medidas cautelares necesarias.

 

En el caso del territorio venezolano, sostuvo que la intensidad de los daños obedeció, por una parte, a la secuencia de dos movimientos originada por la interacción entre la placa del Caribe y la Sudamericana. Ocurrieron a apenas 10 y 20 kilómetros de profundidad, lo que permitió que la energía llegara con mayor intensidad a la superficie.

Sin embargo, añadió, influyeron la combinación de edificios antiguos, reglamentos de construcción sin actualizar, escasa supervisión de autoridades preventivas y un prolongado abandono del mantenimiento preventivo y correctivo.

 

A ello se suman las características del subsuelo de Caracas, compuesto por materiales blandos como arcillas, arenas y gravas, que amplifican los efectos de la energía  liberada. El especialista subrayó que las ciudades deben diseñarse conforme a las condiciones geológicas del terreno y no crecer de manera desordenada, pues la falta de ordenamiento urbano incrementa la fragilidad de la población ante este tipo de hechos.

 

México comparte esa condición de vulnerabilidad al ubicarse sobre cinco placas tectónicas, por lo que la precaución debe mantenerse como una prioridad. Si bien la ciencia permite identificar las regiones con mayor probabilidad de registrar movimientos telúricos, Hernández Lascares insistió en que aún no es posible determinar el punto exacto en que ocurrirán.

 

Consideró que nuestro país ha fortalecido sus capacidades para enfrentar este tipo de fenómenos a través de un Servicio Sismológico Nacional de alto nivel, reglamentos de construcción más robustos y mecanismos de protección civil perfeccionados tras experiencias como los sismos de 1985 y 2017.

 

No obstante, advirtió que persisten desafíos importantes, entre ellos verificar el estado estructural de viviendas y edificios, cumplir los programas internos de protocolos de seguridad y evitar la autoconstrucción sin supervisión profesional.

 

Hernández Lascares aprovechó la entrevista para apuntar que varios de los términos utilizados en medios de manera cotidiana para describir estos fenómenos, han quedado rebasados por el avance de la sismología.

 

“La llamada escala de Richter no se usa en realidad y la actividad telúrica se reporta por la Escala de Magnitud de Momento (Mw), puntualizó. Asimismo, precisó que las clasificaciones de los eventos oscilatorios y trepidatorios responden al uso popular, pero no forman parte de la terminología científica vigente, ya que una misma sacudida puede presentar distintos tipos de desplazamiento.

 

Respecto a la tecnología en desarrollo, indicó que la inteligencia artificial ya comienza a utilizarse para modelar el comportamiento de las ondas sísmicas y estimar los escenarios donde podrían concentrarse sus mayores efectos. Citó el escenario de ciudades como Los Ángeles, donde estas herramientas permiten identificar las zonas por las que podrían propagarse las ondas y orientar medidas preventivas en edificaciones, puentes y otras obras de infraestructura.

 

Mencionó la experiencia particular de China, donde en los últimos años se han puesto a prueba nuevos sensores para mejorar los sistemas de alerta y planeación, aunque todavía se encuentran en una etapa temprana de desarrollo.

 

El investigador alertó que, más allá de las labores inmediatas de rescate, la nación sudamericana enfrentará un proceso de reconstrucción de largo plazo. Estimó que la recuperación de parte de la infraestructura podría tomar al menos 30 años, a lo que se sumarán problemas sanitarios, económicos y sociales derivados de la emergencia.

 

Recordó que siniestros como los ocurridos en Japón y Turquía permitieron corregir deficiencias estructurales y reforzar los sistemas de prevención, por lo que confía en que la experiencia venezolana contribuya a reducir la exposición frente a futuros eventos sísmicos.

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