Día de Muertos deja baja derrama económica al comercio popular, el consumo familiar resiente la crisis: ConComercioPequeño SC

La celebración del Día de Muertos, una de las tradiciones más arraigadas de la cultura mexicana, representa una temporada estratégica para miles de comerciantes y pequeños negocios. Sin embargo, la pérdida del poder adquisitivo de las familias, la creciente competencia de las grandes cadenas comerciales y el desplazamiento de productos artesanales por mercancías importadas están reduciendo las oportunidades de ingreso para el comercio popular.
Así lo señalaron Alberto Vargas Lucio, representante del Movimiento Nacional del Contribuyente Social (Monacoso), organización que agrupa a locatarios de mercados públicos, y Gerardo Cleto López Becerra, presidente del Consejo para el Desarrollo del Comercio en Pequeño y la Empresa Familiar (ConComercioPequeño SC), quienes advirtieron que las tradiciones mexicanas siguen vigentes, pero el gasto de las familias ya no responde a las expectativas comerciales de años anteriores.
ROMERÍAS: UNA OPORTUNIDAD DE VENTA CADA VEZ MÁS LIMITADA
Alberto Vargas Lucio explicó que, con motivo de las celebraciones del 1 y 2 de noviembre, los mercados públicos activan sus tradicionales romerías, mediante las cuales los locatarios pueden instalar puestos semifijos en las inmediaciones de estos centros de abasto para comercializar flores, disfraces, dulces, adornos, artículos religiosos y otros productos de temporada.
En la Ciudad de México, donde existen alrededor de 340 mercados públicos, esta actividad constituye una alternativa para ampliar las ventas, atraer consumidores y generar ingresos adicionales para miles de familias comerciantes.
No obstante, Vargas Lucio advirtió que el comercio popular enfrenta una desventaja competitiva frente a los centros y plazas comerciales, que han ganado terreno en la captación del gasto de temporada.
Las romerías siguen siendo importantes para la economía de los barrios y colonias, pero requieren mejores condiciones de organización, promoción y competencia para evitar que los beneficios de estas celebraciones se concentren en los grandes establecimientos comerciales.
A esta situación se suma la contracción del consumo en los sectores populares. Las familias compran menos, reducen las cantidades de productos que adquieren y modifican sus hábitos de consumo para ajustarse a presupuestos cada vez más limitados.
El resultado es una temporada en la que persiste la tradición, pero disminuye la capacidad de compra de los consumidores y se restringen las posibilidades de crecimiento de los pequeños negocios.
FAMILIAS REDUCEN EL GASTO EN OFRENDAS Y CELEBRACIONES
Por su parte, Gerardo Cleto López Becerra señaló que los sondeos realizados por su organización muestran una reducción del gasto familiar destinado a las actividades relacionadas con el Día de Muertos.
“Estimamos que una familia destinará alrededor de mil 800 pesos para instalar su ofrenda, visitar los panteones y participar en alguna de las actividades y desfiles que se han incorporado a las celebraciones en los últimos años. Este gasto debe ajustarse a las posibilidades económicas de cada hogar, por lo que observamos una mayor moderación en las compras”, indicó.
Explicó que la reducción del consumo se refleja en ofrendas más austeras, con menor cantidad de flores y productos frescos, así como una mayor sustitución de elementos tradicionales por artículos decorativos que pueden utilizarse durante más tiempo.
Esta tendencia tiene consecuencias directas para los comerciantes de mercados públicos, florerías, tiendas de abarrotes, papelerías, negocios de artículos religiosos y establecimientos especializados en productos de temporada.
De acuerdo con las estimaciones de ConComercioPequeño SC, la derrama económica de las celebraciones del Día de Muertos apenas superaría los 11 mil millones de pesos en la Ciudad de México y la zona metropolitana, mientras que en el conjunto del país rondaría los 40 mil millones de pesos.
López Becerra sostuvo que estas proyecciones reflejan un escenario de consumo moderado, condicionado por la pérdida de poder adquisitivo de los trabajadores y las dificultades económicas que enfrentan numerosos hogares.
Advirtió que el monto total de ventas no debe confundirse con una mejora en la rentabilidad del pequeño comercio: los ingresos de la temporada también deben cubrir el costo de la mercancía, los gastos de operación, el transporte y otros compromisos de los establecimientos.
MERCANCÍA CHINA DESPLAZA A PRODUCTOS ARTESANALES MEXICANOS
Otro fenómeno que preocupa a los representantes del comercio popular es el desplazamiento de productos nacionales por mercancías importadas, principalmente de origen chino, utilizadas para decorar hogares, establecimientos comerciales y ofrendas.
Gerardo López Becerra señaló que la amplia disponibilidad de artículos manufacturados en serie ha ganado presencia en el mercado de temporada, desplazando productos artesanales elaborados por productores mexicanos.
Entre los ejemplos mencionó las velas de pilas que sustituyen a las tradicionales veladoras de cera, así como calaveras de plástico, figuras inflables, adornos sintéticos y diversos artículos decorativos relacionados con Halloween y las celebraciones de Día de Muertos.
“Nos preocupa que una tradición profundamente mexicana se convierta cada vez más en un espacio de comercialización de productos importados, mientras los artesanos nacionales y los pequeños comerciantes enfrentan dificultades para competir en precio, volumen y distribución”, expresó.
El dirigente señaló que la disponibilidad de mercancías importadas no constituye, por sí misma, el problema central. La preocupación radica en la falta de condiciones equitativas para que los productores nacionales y los negocios familiares puedan competir, generar ingresos y conservar los empleos vinculados con las actividades artesanales.
También advirtió sobre la necesidad de fortalecer la vigilancia comercial y el cumplimiento de las disposiciones aplicables a los productos que se venden en los sectores populares, a fin de evitar irregularidades y proteger tanto a los consumidores como a los comerciantes que operan dentro de la legalidad.
LA TRADICIÓN RELIGIOSA Y CULTURAL SE MANTIENE VIGENTE
Pese a los cambios en los hábitos de consumo y a la incorporación de elementos comerciales ajenos a las tradiciones mexicanas, Alberto Vargas Lucio y Gerardo López Becerra coincidieron en que el Día de Muertos conserva su profundo significado cultural, familiar y religioso.
Las visitas a iglesias y camposantos, la instalación de ofrendas, la compra de flores y veladoras, así como la adquisición de imágenes y artículos religiosos, continúan formando parte de las prácticas de numerosas familias mexicanas.
Ambos representantes destacaron que estas expresiones de religiosidad y convivencia familiar mantienen una demanda importante de productos que se comercializan en mercados públicos y pequeños establecimientos. Sin embargo, subrayaron que preservar las tradiciones también implica proteger la actividad económica que las hace posibles: el trabajo de los locatarios, los productores de flores, los artesanos, los fabricantes nacionales y miles de pequeños negocios que abastecen a las comunidades.
Finalmente, señalaron que el Día de Muertos debe representar una oportunidad para fortalecer la economía local, promover el consumo de productos mexicanos y mejorar las condiciones de competencia del comercio en pequeño.






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