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  • bambarito59

¿Alguna vez te has preguntado como empezamos a usar ropa?


En el siglo XIX el filósofo inglés Thomas Carlyle afirmaba que “la primera intención de la ropa no fue para calentarse o por decencia, sino con fines de ornato”. Muchos aceptamos que nuestros antiquísimos antepasados eran primates, y que estaban cubiertos de pelo para conservar su temperatura y protegerse. Si Carlyle tenía razón, entonces debemos preguntarnos qué indujo a los primeros seres humanos a adornar sus cuerpos con vestimentas. Es casi seguro que él se equivocaba porque el Homo erectus, criatura que apareció hace aproximadamente 1.5 millones de años y sobrevivió hasta cerca del 500 mil a.C., emigró a las cálidas regiones tropicales, usando el fuego, descubierto tal vez por rayos, para calentarse y también para cocinar. La boca se usaba como si fuera una herramienta más porque cuando trabajaban con pieles, las sujetaban con los dientes para que con ambas manos las raspasen con el fin de limpiarlas y prepararlas. También es posible que las mordisquearan, masticaran y golpearan para ablandar las pieles duras. Con el tiempo, quizá miles y miles de años después, se fueron afinando las técnicas y aparecieron los primeros raspadores, punzones, perforadores y tiras con las que unir las pieles. Lo que empezó como una manta enrollada por el cuerpo, se fue con los años atada, cosida y remendada. Entre hace 200 mil y 120 mil años, los sucesores del Homo erectus llegaron más al norte, específicamente a zonas áridas del extremo de regiones afectadas por la última de las grandes glaciaciones. Para sobrevivir necesitaban algo más que el calor del fuego y, por ejemplo, el hombre Neanderthal usó antorchas para iluminar el interior de sus cuevas, y es casi seguro que confeccionó ropas primitivas con pieles de animales. Posteriormente el hombre moderno, llamado Homo sapiens sapiens, se extendió de Europa y Asia a Australia y Nueva Guinea hace casi 50,000 años. Que estos pueblos usaran o no ropas parece haber dependido principalmente de su necesidad de protegerse del clima o de sus enemigos. Asimismo, el pudor quizá influyó muy poco, ya que no es característica innata del ser humano, por lo que los niños aprenden a cubrir su cuerpo y las costumbres que determinan qué partes del cuerpo pueden ser expuestas varían en cada sociedad.


Por ejemplo, entre los indios suya de Brasil, las mujeres andan desnudas, pero se sentirían avergonzadas si las vieran sin sus adornos de madera en boca y orejas.

Lo que es verídico es que desde el principio de los tiempos, la vestimenta ha sufrido numerosas transformaciones que en la mayoría de los casos han sido debidas al descubrimiento de nuevos tejidos y materiales e, indudablemente, a las tendencias que dictan los diseñadores. Por ejemplo, la aguja de ojo se descubrió hace 40 mil años, el siguiente paso fue el descubrimiento de los tintes, que se obtienen por un proceso de maceración en agua de la corteza de ciertos árboles que contienen taninos, y el primer telar, el cual data del Neolítico, es decir, del año 7000 a. C. Hoy, además de servir como protección de los cambios de clima, la ropa es una forma de ornato o un símbolo de éxito, comunicando además información como la soltería o la viudez, la naturaleza de una ocupación o de una religión.


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