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¿Te has preguntado alguna vez por qué el sol sale por el este y se oculta por el oeste?

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  • 17 feb 2023
  • 3 Min. de lectura

Pues aunque todos utilicemos esta expresión, esto casi no ocurre. Debido a la inclinación del eje y a la traslación de la Tierra, en realidad esto sólo pasa dos veces al año, durante los días de equinoccios en los que el día y la noche duran lo mismo, y durante el resto del año, en el hemisferio norte el punto por el que sale y se pone el Sol se desplaza gradualmente desde un punto de vista geográfico hacia el norte en primavera y verano, y hacia el sur en otoño e invierno, mientras en el hemisferio sur el movimiento es al revés.


Este desplazamiento alcanza sus máximos durante los solsticios de invierno y verano, cuando en el hemisferio norte son respectivamente el día más corto y largo del año y en el que el Sol está más bajo sobre el horizonte al alcanzar su cenit, el cual de nuevo se invierte en el hemisferio sur; los dos puntos máximos de desplazamiento son los que marcan el Trópico de Capricornio y el Trópico de Cáncer.


Todo esto ocurre porque la Tierra gira en torno a su eje desde el occidente hacia el oriente, dicho movimiento que se llama rotación, que no es más que el cambio de orientación de un cuerpo o un sistema de referencia de forma que su eje de rotación, o un punto, permanece fijo.


Este movimiento real de la Tierra hace que nos parezca que el Sol se desplaza por el cielo en dirección contraria, la aparición y ocultación justo por esos puntos cardinales, el Este y el Oeste respectivamente, sólo suceden dos veces al año en las fechas de los equinoccios, es decir, entre el 20 y el 21 de marzo y entre el 22 y el 23 de septiembre. La palabra equinoccio viene del latín aequinoctium que significa “noche igual”. ¿Pero igual a qué? Pues a la duración del día.


La Tierra gira a casi 1,600 km/h sobre su propio eje, algo que los astrónomos tardaron siglos en descubrir; hacia el año 350 a.C., el filósofo griego Heráclides fue el primero en plantear la teoría de que la Tierra era la que giraba y no el cielo, aunque nadie le creyó. En 1610 Galileo Galilei observó que la posición de las manchas del Sol cambiaba, tras deducir que el astro giraba y afirmó que la Tierra hacía lo mismo; sin embargo en 1633, la Iglesia católica le exigió que se retractara públicamente y fue obligado a declarar que la Tierra permanecía fija. Hasta 1992 la Iglesia reconocería este error.


Con el tiempo, los astrónomos demostraron que la Tierra y los demás planetas rotaban y se trasladaban, aunque a diferentes velocidades, y hasta 1851 todo quedó comprobado sin dejar lugar a cualquier duda: el físico francés Jean Foucault suspendió un largo péndulo del techo del Panteón de París y lo hizo oscilar, conforme se balanceaba, dejaba una marca en la arena. La razón de este fenómeno es que un peso enorme tiende a oscilar en la misma dirección, pero conforme pasaron las horas, la posición de la marca cambiaba, por lo cual los que observaban la demostración en ese momento constataron que la Tierra giraba.


Sin embargo, no para todos los planetas el Sol sale por su Este ya que también influye el sentido de giro del planeta sobre su propio eje, y hay dos planetas que no giran en el mismo sentido que los demás: Venus y Urano.


Se piensa que en el caso del primero el motivo de girar al revés fue una brutal colisión con cualquier otro cuerpo celeste, mientras que para Urano el asunto es más complicado debido a que su eje de giro tiene tal inclinación que casi coincide con el plano de su traslación alrededor del Sol, conocido como “plano de la eclíptica”.

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