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  • Laura Meléndez

Un día como hoy, pero de 1712, nació en la ciudad suiza de Ginebra uno de los grandes escritores y filósofos de la historia

Es Jean-Jacques Rousseau , o Juan Jacobo Rousseau, como gusten llamarle nuestros lectores, definido como uno de los mejores exponentes de la época de la Ilustración.


Rousseau fue huérfano de madre desde temprana edad, por lo que fue criado por su tía materna y por su padre, un modesto relojero, quien lo puso a trabajar como aprendiz con un notario público.


La familia de Rousseau siempre fue calvinista por lo que tuvo que convertirse al catolicismo y en 1742 partió hacia París, donde Juan Jacobo presentó a la Academia de la Ciencias un nuevo sistema de notación musical ideado por él, con el que esperaba alcanzar una fama en el mundo de la música que nunca llegó.


Después se fue a Venecia donde trabajó como secretario del embajador de Francia en esa ciudad, pero un problema diplomático lo regresó a París donde conoció a Thérèse Levasseur, con quien casó y tuvo cinco hijos.


Rousseau trabó por entonces amistad con los ilustrados, fue invitado a contribuir con artículos en la Enciclopedia de D’ Alembert y Diderot y por sus ideas políticas influyó en la Revolución francesa, el desarrollo de las teorías republicanas y el crecimiento del nacionalismo.


En 1754 regresó a Ginebra y retomó el protestantismo para readquirir sus derechos como ciudadano ginebrino, aunque de manera casi simultánea apareció su obra llamada “Discurso sobre el origen de la desigualdad entre los hombres”, que le valió enfrentarse a la clase ilustrada, ya que consideraba que los hombres en estado natural son por definición inocentes y felices, y que son la cultura y la civilización las que imponen la desigualdad entre ellos, en especial a partir del establecimiento de la propiedad, y que les acarrea la infelicidad.


En 1756 redactó algunas de sus obras más importantes, entre ellas Julia o la Nueva Eloísa que es una novela sentimental inspirada en su pasión –no correspondida, por una mujer muy allegada a su familia.


Luego vino *El contrato social", donde Rousseau intentó articular la integración de los individuos en la comunidad; las exigencias de libertad del ciudadano que planteó, habrían de verse garantizadas a través de un contrato social que estipulara la entrega total de cada asociado a la comunidad, de forma que su extrema dependencia respecto de la ciudad lo liberara de aquella que tiene respecto de otros ciudadanos y de su egoísmo particular.


Más adelante publicó "Emilio o De la educación", novela pedagógica cuya parte religiosa le valió la condena por parte de las autoridades parisinas y su huida a Neuchâtel, donde surgieron de nuevo conflictos con las autoridades locales, por lo que en 1766, aceptó la invitación de David Hume para refugiarse en Inglaterra.


A partir de entonces Rousseau cambió continuamente de residencia debido a las constantes persecuciones de miembros de las corrientes contrarias a su pensamiento, hasta que pudo asentarse en París en 1770, donde transcurrieron los últimos años de su vida en los que redactó sus escritos autobiográficos, donde incluso incluyó conceptos filosóficos que tanto defendió a los largo de sus obras bajo su tesis fundamental que era la concepción de la naturaleza humana como opuesta a la cultura histórica que según él había ahogado la verdadera naturaleza humana, en tanto que el fundamento de la auténtica moral, había que buscarla no en la razón, sino en el sentimiento.


Rousseau murió el 2 de julio de 1778 a causa de un infarto pero su herencia está probablemente mejor expresada en sus dos más célebres frases, una contenida en El contrato social: donde dice que «El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado» y la otra, contenida en su Emilio, o De la educación, donde reza «El hombre es bueno por naturaleza», de ahí su idea de la posibilidad de una educación.

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