¿Te has preguntado alguna vez por qué ponemos nacimientos?


El nacimiento, pesebre o belén es la representación, por medio de figuras, de la llegada del Mesías al mundo. No se sabe con seguridad cuándo comenzó esta tradición; algunas fuentes aseguran que en el año 345 de la era cristiana se instaló un pequeño pesebre en el sepulcro de Letrán, mientras que en el siglo VII, en Santa María la Mayor, Roma, parece que existía un oratorio en forma de pesebre.


Pero fue San Francisco de Asís quien en el año 1223 d.C, popularizó la costumbre de representar la escena sagrada; mientras andaba cerca de la provincia de Rieti, en Italia, lo sorprendió la Navidad en la ermita de Greccio; ahí se inspiró y reprodujo el nacimiento del niño Jesús. Ayudado por otros clérigos, construyó una casita de paja, un portal y un pesebre, e invitó a los lugareños a integrarse en una escena viviente, con José y María, el niño recién nacido, los pastores, y hasta un buey y un burro para mayor veracidad.


Poco a poco, y contando con la autorización del papa Honorio III, la idea fue cobrando fuerza, de forma que pintores y escultores adoptaron tal motivo para recrearlo con su arte. Se cree que el primer nacimiento hecho con figuras de barro se realizó en Nápoles, también en Italia, a finales del siglo XV, y a partir de esa fecha el rey Carlos III ordenó que la presentación se extendiera por todos sus dominios.


Gracias a la difusión de los franciscanos, el nacimiento se introdujo en España en el siglo XIV, pero se adoptó de manera definitiva en el siglo XVII. En la Nueva España, la representación de esta idea fue un recurso poderosísimo para difundir el concepto cristiano.


Los nacimientos se presentaron en forma de obras teatrales, o pastorelas, y se adaptaron bien a la forma de pensar de los indígenas. Fray Pedro de Gante fundó una escuela en Texcoco, en la cual había un taller de cerámica que hacía figuras especiales para los nacimientos; las familias acomodadas adoptaron la costumbre de colocar el nacimiento en sus hogares y lo perfeccionaron con musgo, espejos, heno y luces.


El Nacimiento moderno combina una serie de elementos bastante discordantes, los cuales no tienen nada que ver con el origen del niño Jesús. Si tomamos en cuenta que éste nació en un lugar del Oriente Medio, sería poco factible pensar que haya sido en un sitio frondoso y verde. Lo mismo ocurre con los pinos, que ahora se colocan junto al nacimiento puesto que esa especie no existe en aquellas áridas tierras del actual Israel.


El pino es una tradición que nos llegó de la Europa nórdica a través de Estados Unidos. Del mismo modo hallamos nopales, magueyes, palmas cocoteras, oyameles, pirules o animales de diversa índole, primordialmente domesticados, y bestias de carga; también podemos encontrar otro tipo de elementos, como lanchas de remo, molinos de viento, papalotes o castillos medievales, sin olvidar al diablo y sus tentaciones. La figura del demonio puede variar en color y hasta en forma, pero la más convencional es roja con alas negras.


Muchos nacimientos mexicanos incluyen motivos y estereotipos muy propios de nuestra cultura, lo cual los hace ser bastante pintorescos. Así, podemos ver representaciones del cartero, el globero, el aguador, la taquera, el panadero, el organillero, etcétera.


No existen límites para la imaginación. Y otra cosa que sobrepasa lo pintoresco para entrar en el reino de lo absurdo, es el tamaño de algunas de las figuras. No es nada raro encontrar que el Niño Dios sea casi del mismo tamaño que José y María, o mayor que los borregos, así como unos Reyes Magos gigantes y un niño naciente en miniatura. Por otro lado, hoy en día es cada vez más común contar con las guías intermitentes de colores, entre las cuales sobresalen aquellas con música.


En hogares más tradicionales aún se utilizan las velas de cera o parafina con el fin de iluminar los nacimientos o, incluso, los pinos; no obstante, y por razones obvias, aquí se debe tener sumo cuidado para evitar incendios.


Este arte decembrino puede realizarse con cualquier material disponible; los más comunes son el paixtle, el musgo, la paja y el cartón, aunque también se pueden utilizar rocas, mangueras, láminas y cuanta cosa el creador y su fantasía tengan a la mano. En realidad no hay impedimentos, y lo que en verdad importa es realzar ese espíritu de la Navidad; en años recientes han aparecido diversos concursos nacionales, estatales o municipales de nacimientos, con los que se pretende reavivar esta


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