¿Te has preguntado alguna vez por qué ponemos árbol de navidad?


El árbol de Navidad es un elemento decorativo, típico de la fiesta de Navidad. Tradicionalmente suele emplearse una conífera de hoja perenne, destacando entre ellas las especies de abeto; en la actualidad también está muy popularizado el uso de árboles artificiales, de plástico y otros materiales sintéticos y se decora con adornos como bolitas de colores de cristal u otro material menos frágil, como luces, estrellas, lazos, espumillones o guirnaldas.


La leyenda dice que hace muchos años, durante una helada noche de invierno, un niño llamó a la puerta de una choza en busca de refugio. Un leñador y su esposa lo recibieron y le dieron de comer. Durante la noche el niño se convirtió en un ángel con vestiduras de oro: era el Niño Dios. Para recompensar la bondad de sus bienechores, tomó una varita de un pino y les dijo que la sembraran, prometiéndoles que cada año daría frutos. Y así sucedió: aquel árbol dio manzanas de oro y nueces de plata..


Es posible que el primer árbol navideño, como se conoce en la actualidad, surgiera en Alemania, donde se implantó por primera vez en 1605 para ambientar el frío de la Navidad, comenzando así su difusión. A Finlandia llegó en 1800, mientras que a Inglaterra lo hizo en 1829, y en el Castillo de Windsor se vio por primera vez en 1841, de la mano del príncipe Alberto, esposo de la reina Victoria; este árbol también llegó al continente americano durante el siglo XIX.


La costumbre de adornar un árbol en los hogares españoles fue traída en el año 1870 por una mujer de origen ruso llamada Sofía Troubetskoy, quien después de enviudar del duque Carlos Augusto de Morny, hermanastro de Napoleón III, contrajo nupcias con el aristócrata español José Osorio y Silva, marqués de Alcañices, uno de los mayores promotores de la Restauración borbónica. Por ello, parece ser que la primera vez que se colocó un árbol navideño en España fue en Madrid durante la Navidad del año 1870 en el palacio de Alcañices, ubicado en el Paseo del Prado.


El árbol de Navidad recuerda al árbol del Paraíso de cuyos frutos comieron Adán y Eva, y de donde vino el pecado original; y por lo tanto recuerda que Jesucristo ha venido a ser Mesías prometido para la reconciliación. Pero también representa al árbol de la Vida o la vida eterna, por ser de tipo perenne. La forma triangular del árbol (por ser generalmente una conífera, con particular incidencia del abeto) representa a la Santísima Trinidad.


Las oraciones que se realizan durante el Adviento se diferencian por un color determinado, y cada uno simboliza algo diferente: el azul refleja las oraciones de reconciliación, el plata las oraciones de agradecimiento, el oro las de alabanza y el verde de abundancia, fortaleza y de naturaleza.


En México se hacen adornos navideños de paja, barro, cartón, papel y migajón; el arbolito luce en sus verdes ramas las huellas del ingenio popular, además de manojos de heno y "pelo de ángel", que simulan las heladas noches típicas de la época navideña. Muy pronto, la familiar figura del árbol de Navidad, en diversos tamaños, ha invadido sitios públicos, establecimientos comerciales y todos los hogares.


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