¿Te has cuestionado cómo y qué película generó el nacimiento del cine sonoro?


Los intentos de sincronizar sonido a las películas se remontan a los inicios de la historia del cinematógrafo; la primera exhibición conocida de cine sonoro proyectado ocurrió en París en 1900 y ya se habían estrenado cortos con sonido junto con noticiarios llamados “Movietone”, pero el público no había respondido con entusiasmo hasta el estreno de “El Cantante del Jazz”, la cual marcó el comienzo de las películas con diálogos que todo el mundo quería escuchar.


La banda sonora se grabó en una sala de 23 x 30 metros con paredes y suelos aislados con puertas forradas de fieltro, el sonido se grababa en directo en discos de baquelita como los de los gramófonos; desde una cabina de frente acristalado, a 5 metros de altura en un lateral de la sala, un operador iba regulando el tono y el volumen de la grabación en un sistema llamado Vitáfono o “sonido en disco”. Varias copias se escuchaban en las salas de proyección como acompañamiento de las películas; de la habilidad del operador, quien accionaba un amplificador conectado a dos altavoces situados a ambos lados de la pantalla, dependía que la sincronización de la imagen y el sonido fuera adecuada.


La producción de un filme sonoro requería técnicas diferentes de las del cine mudo. Para el rodaje, la orquesta se trasladó al estudio de manera que actores y músicos se vieran y oyeran en directo. Tras ensayar una escena, había una prueba de sonido sin que las cámaras entraran en acción. Del techo colgaban micrófonos para voces masculinas o femeninas mientras los focos se desviaban para no dar calor a los actores. Concluida la grabación, se hacían ajustes de sonido en el disco, y garantizada la calidad se rodaba con imagen y sonido.


“El Cantante del Jazz” fue una cinta obtuvo gran éxito de público en el mundo desde su estreno el 6 de octubre de 1927, pero lo más importante fue que la aparición del cine sonoro introdujo grandes cambios en la técnica y expresión cinematográfica: la cámara perdió movilidad, quedó en posición fija del cine primitivo y la imagen perdió su estética frente a la mayor importancia del diálogo.


Los actores también se vieron implicados en este cambio técnico. Algunas grandes estrellas fílmicas de Hollywood vieron naufragar sus carreras ante su mala dicción, su pésima voz o su excesiva mímica; debido a esto, surgieron nuevos actores en su reemplazo. Dos películas que retratan esta transición del cine mudo al sonoro son el musical “Cantando bajo la lluvia” de 1952 y “El artista” en 2011, la última con el estilo de una película muda en blanco y negro.


Quizás el único de los grandes del cine mudo que siguió haciendo filmes sin sonido fue Charles Chaplin, con Tiempos modernos en 1936; sin embargo, a partir de 1940 comenzó a realizar películas con sonido, la primera de las cuales fue “El gran dictador”. El cine sonoro hizo desaparecer la función que cumplía el conjunto musical al acompañar el visionado del cine mudo, a la vez que el silencio cobró importancia como nuevo elemento dramático desconocido por el cine mudo y se introdujo el concepto de “banda sonora”.

¿Te has preguntado alguna vez por qué la ropa es más oscura cuando se moja?


Cuando la lluvia nos moja el traje o acabamos de sacar la colada húmeda de la lavadora, el tejido es más oscuro que cuando se seca. Este efecto tiene que ver con la refracción de la luz, en el que entre las fibras de los tejidos suele haber espacios, de modo que si incide un haz de luz éstas lo reflejan en su mayor parte.


Si el tejido está húmedo, entonces los espacios intermedios se llenan de agua, la cual hace que gran parte de los rayos de luz no se reflejen sino que se refracten, es decir, se desvíen con un ángulo distinto al de incidencia. Es decir, cuando un rayo de luz cae sobre el agua con un determinado ángulo, se desvía y se introduce en el agua con un ángulo más pronunciado que con el que entró.


Este ángulo más acusado provoca que la luz entre profundamente en el tejido y tenga más posibilidades de ser absorbida, por lo que será menos la reflejada y la mancha parecerá más oscura. Así las telas mojadas reflejan menos luz que las secas, y por eso parece que son más oscuras. De este modo, las telas mojadas reflejan menos luz que las secas, por eso parece que son más oscuras.


Algo similar le sucede a la arena mojada, la cual se torna más oscura que la arena seca; esto es verdad no sólo para la arena sino también para una tela que se moje o un papel, ya que su efecto sucede gracias a la dispersión, la cual es la separación de las ondas de distinta frecuencia al pasar por un material, o también podría definirse como el número de choques que soporta el rayo de luz antes de retornar a la superficie.


Las partículas de arena mojada están recubiertas por una finísima capa de agua, lo que provoca que los rayos de luz cambien de sentido en menor medida y por ello existan más colisiones que si la arena estuviera más seca. Así, si la arena está seca, la luz puede salir con dos choques, que si está mojada, lo que requiere un mínimo de seis. Mientras va sufriendo las colisiones, la intensidad de la luz va aminorando, por eso la arena mojada es más oscura.


Gracias a fenómenos ópticos de refracción y reflexión, nuestros ojos son capaces de diferenciar los colores de objetos a nuestro alrededor y del medio ambiente que nos rodea. La explicación sencilla: una vez que la luz alcanza la superficie de un objeto, una parte de los rayos luminosos es absorbida por él. Objetos de color claro reflejan bastante la luz y los objetos muy oscuros absorben más.


Por eso decimos que en días de sol, lo ideal es optar por la ropa blanca en vez de negra o marrón, en tanto que cuando un tejido es mojado el espacio entre las fibras se llena de agua. Como el agua es un líquido transparente, la luz atraviesa con más facilidad haciendo que la superficie mojada absorba más luz que la superficie seca. Lo mismo ocurre con la arena de la playa. Al reflejar la luz del sol, la arena seca parece blanca pero cuando está mojada presenta un tono más oscuro, cercano al marrón. El agua, al permitir mayor penetración de la luz, reduce su capacidad de reflexión.

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