¿Te has cuestionado cómo surgieron las carpas en México?


Entre las décadas de los años 30 y 50 del siglo pasado el gobierno mexicano impulsó nuevas fuentes de empleo, pero los obreros y trabajadores comenzaron a buscar en qué ocupar el tiempo libre. Aunque existían los teatros, la clase más humilde no asistía a ellos por razones económicas y porque lo que se representaba poco o nada tenía que ver con ellos.


El teatro al que acudían las clases pudientes funcionaba muchas veces como un escaparate en donde los ricos iban a lucirse y a reafirmar su clase social y cultural. En cambio, en las carpas la gente se identificaba con los actores y participaba en el espectáculo con bromas, chillidos y ocurrencias. La carpa llegaba al barrio, se instalaba con unos cuantos postes y el pregonero iba y venía por las calles anunciando los espectáculos que esa noche se estrenarían; este lugar estaba al alcance de todos los bolsillos y podían entrar niños, adultos y ancianos por igual.


Estos foros también eran una oportunidad para quienes llegaban a la gran ciudad en busca de una oportunidad de trabajo y que, al no encontrarla, se decidían a integrarse a la vida nocturna con algún número musical o luciendo algún malabar; el espectáculo se dividía en tandas que anunciaba un gritón o pregonero y muchas veces se podía asistir a dos por el precio de una. Las tandas comenzaban a las 3 o 4 de la tarde y terminaban a las 11 o 12 de la noche.


Sin embargo, lo más atrayente de este espectáculo era la oportunidad que tenía el público de intervenir en la escena. Cualquier espectador ingenioso podía lanzar un comentario mordaz, burla o piropo a las artistas más bellas.


Los actores estaban preparados para contestar y se establecía un diálogo espontáneo y gracioso, salpicado con las carcajadas del público. A veces se establecían duelos verbales en los que el artista ridiculizaba al “atrevido” que los había iniciado y que, al final, era a quien más celebraba la ocurrencia.


El espectáculo era amenizado por una orquesta formada hasta por cinco elementos; la música era vital pues anunciaba que los números iban a dar inicio e introducía efectos graciosos para acentuar las ocurrencias de los cómicos. Las tandas estaban clasificadas de menor a mayor calidad: en la primera actuaban los artistas menos conocidos, en la segunda aparecían cómicos y cantantes y la tercera era el platillo fuerte de la noche.


El público determinaba el curso del espectáculo y lo que a él no le gustaba o le agredía debía modificarse, pues era recibido con silbidos y protestas. Los personajes más conocidos de la carpa eran el indio, el borracho, el vago y la prostituta, quienes lograban siempre engañar al "catrín" o al ciudadano respetable. La carpa se convirtió en un lugar de desahogo y crítica social, que permitía a los marginados expresarse y manifestar su descontento por las medidas políticas y sociales del gobierno, contra las cuales el pueblo no podía hacer nada.


Paulatinamente, las carpas fueron desapareciendo ante el empuje de medios masivos de comunicación como la televisión y la aparición de más salas cinematográficas, así como por la creación de avenidas que eliminaban los pequeños espacios en los que originalmente se instalaban.


Hasta hace unos años, las carpas ya no iban de barrio en barrio y se han instalaron en locales fijos como teatros, donde se han presentado todavía músicos, cómicos y cantantes más conocidos y aún existe esa comunicación entre público y actores, aunque ya está muy lejana de aquella que se lograba en las carpas de barriada.


La pandemia de coronavirus prácticamente arrasó con esta costumbre









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