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  • Laura Meléndez

Recordamos un aniversario más de la aparición de la estatua de "El Caballito" a más de 2 siglos


Fue hace 220 años, el 28 de noviembre de 1803, que, en ceremonia presidida por el virrey José de Iturrigaray, fue colocada en su pedestal, al centro de la Plaza Mayor o Zócalo de la Ciudad de México, la estatua ecuestre de Carlos IV, realizada por don Manuel Tolsá, brillante escultor de origen valenciano que llegó a la Nueva España en 1791 y dejó una importante obra en nuestro país.


El Caballito es una estatua en bronce en honor al rey Carlos IV de España, diseñada por el escultor y arquitecto Manuel Tolsá, y se encuentra hoy día en la plaza que lleva el nombre de su autor en el Centro Histórico de la Ciudad de México. La iniciativa perteneció a Miguel de la Grúa Talamanca, Marqués de Branciforte, Virrey de la Nueva España, y una vez que se obtuvo el permiso para el monumento se puso en marcha su construcción.


Para tal fin, se limpió la Plaza Mayor y se colocó una balaustrada elíptica con cuatro rejas de acceso. El pedestal para la estatua fue inaugurado con grandes festejos populares y corridas de toros el 8 de diciembre de 1796, y sobre éste, fue colocada una estatua provisional de madera y estuco dorado que también representaba al monarca español.


El caballo fue fundido y vaciado en una sola operación bajo la supervisión de Tolsá, director de la Academia de San Carlos, requiriéndose más de 20 toneladas de bronce en el área cercana al templo de San Pedro y San Pablo. Para la montura, el escultor usó como modelo un equino del marqués del Jaral del Berrio llamado Tambo, y luego de ser pulido y cincelado, fue llevado al lugar designado para ser colocado en su pedestal el 28 de noviembre e inaugurándose el 9 de diciembre de 1803. El barón Alexander von Humboldt estuvo presente en la develación y en su opinión la estatua hecha por Tolsá es solo inferior a la ecuestre de Marco Aurelio en Roma. Pesa 26 toneladas y es la segunda estatua de bronce fundido más grande del mundo.


En 1821, con motivo del sentimiento antiespañol manifiesto por la Independencia de México, y del deseo de poner otro monumento en su lugar, la estatua fue cubierta con una carpa de color azul y surgió el deseo de destruir el monumento para fundir cañones o monedas con el bronce. Fue salvada por don Lucas Alamán, quien convenció a Guadalupe Victoria de conservarla en virtud de sus cualidades estéticas y fue reubicada en 1822 en el patio de la antigua Universidad, para evitar que el pueblo la destruyera.


En 1852, calmados los ánimos, se trasladó al cruce del Reforma y Bucareli, protegida de las manifestaciones populares por una reja. En los años 1940 y 1950 se construyeron edificios como Corcuera en 1945 y el de la Lotería Nacional en 1946. En el terremoto del 28 de julio de 1957, el edificio Corcuera se desplomó.


En las décadas de 1960 y 1970 se amplió Reforma y en 1973, se culminó la Torre Prisma. Estos cambios motivaron que "El Caballito" volviera a cabalgar y fuera colocado en 1979 en su actual lugar, la Plaza Manuel Tolsá del Museo Nacional de Arte, frente al Palacio de Minería, un entorno más acorde a su estética. Actualmente, como vestigio de tal polémica, en el pedestal de la estatua se puede leer la siguiente inscripción: «México la conserva como un monumento al arte».


El lugar que ocupó por mucho tiempo, en la esquina de Reforma y Bucareli, ahora está ocupado por una estatua llamada El Caballito, del escultor Enrique Carbajal, erigida en honor al antiguo monumento, y dando nombre a la Torre Caballito detrás de ella.


El gobierno capitalino decidió hace una década la intervención de la escultura y el pedestal, que presentaban suciedad y fisuras que ponían en riesgo la integridad del monumento. El proyecto se le comisionó a la Autoridad del Centro Histórico, quien contrató a la empresa Marina Restauración de Monumentos para la ejecución del proyecto.


La empresa contratada para realizar la restauración aplicó un método inadecuado para la limpieza de esculturas de estas características, y aplicó ácido nítrico. Un dictamen del Instituto Nacional de Antropología e Historia determinó que el ácido eliminó tanto la pátina que protegía la superficie, como una cantidad de metal de la aleación del bronce, poniendo en riesgo la integridad de la escultura”, por lo cual ha debido iniciarse un nuevo proceso de intervención que restituya la pátina perdida".


La escultura fue puesta a la vista del público nuevamente el 28 de junio de 2017

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