¿Por que los adolescentes sufren de acné?


No importa el sexo, la edad, el color de la piel o la condición social, el acné es una de las enfermedades más habituales de la adolescencia y en los últimos años se ha transformado en una de las principales causas de visita a los dermatólogos.


Esto se genera cuando las glándulas sebáceas de la piel se inflaman como producto de una serie de factores hormonales e infecciosos, afectando al aparato pilosebáceo o glándulas productoras de sebo, que están distribuidas en muchas zonas del cuerpo, en especial en la cara, el pecho y la espalda.


El acné se manifiesta a través de dos tipos de lesiones: las obstructivas, conocidas como puntos blancos y negros, y las inflamatorias, espinillas y nódulos, donde hay masas profundas de color rojo que solo se aprecian en los casos más extremos. Los grados de severidad de esta patología se diferencian según la cantidad y profundidad de las lesiones, que dejan las cicatrices más visibles.


Si bien el acné aparece por lo general en la pubertad -entre los 10 y 12 años-, puede brotar antes -sobre todo en las mujeres- o aparecer de forma tardía después de los 20 años. La terapia para combatirlo dependerá del tipo de lesión. Si el paciente solo presenta puntos negros o blancos, basta con cremas que despejen los poros tapados. Si, en cambio, tiene espinillas se recomiendan antibióticos orales o tópicos.


Pese a que no se sabe por qué el acné brota en los jóvenes, se conocen varios componentes relacionados con éste.


El más común es el factor hereditario: si los padres lo sufrieron, es muy probable que sus hijos también lo hagan. Otros elementos que pueden producirlo en esta etapa son el estrés, más aún en periodos de exámenes escolares, la exposición a altos niveles de cloro y la actividad hormonal, como el ciclo menstrual en las mujeres.


Esta patología impacta con tal fuerza en la adolescencia que los jóvenes que necesitan integrarse al círculo social, debido a lo antiestético que resulta, reciben rechazo social. Estudios demuestran que quienes lo tienen pueden presentar retraimiento, autoestima baja y poca confianza en sí mismo, un concepto muy pobre de la propia imagen corporal, timidez, sentimientos depresivos, rabia, preocupación y frustración.


Por estas razones, tratarlo resulta crucial para evitar las marcas físicas y emocionales que un problema como éste puede dejar de por vida; en la actualidad las terapias son bastante efectivas y los expertos han desarrollado técnicas y productos que reducen los efectos indeseados de los mismos, tales como el enrojecimiento de la piel y la irritación.


Te recomendamos limpiar la suciedad facial de forma delicada con un jabón suave que no reseque la piel, en especial si ya estás recibiendo tratamiento tópico; evita rascar, apretar, frotar o escarbar los granos, puntos negros o espinillas, ya que aumentará el riesgo de cicatrices e infecciones secundarias, y suspende el uso de cualquier cosmético no indicado por tu médico.

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