Mario Terán y la ejecución del “Che”: "el peor momento de mi vida". Por José Luis Morales Baltazar


Murió Mario Terán, militar boliviano que ejecutó a Ernesto “Che” Guevara en 1967


Gary Prado, quién le ordenó directamente el crimen, fue aceptado como embajador en México por Vicente Fox.


El asesinato ocurrió en octubre de 1967, por órdenes de la CIA.


Mario Terán, sargento del ejército boliviano, fue el encargado de instrumentar el crimen.


Años después relató a periodistas cómo sucedieron los hechos, porque el día que dieron a conocer la muerte de Guevara dijeron que fue durante un enfrentamiento.


El cubano Félix I. Rodríguez, agente de la CIA y quien dirigió la captura del Che, me relató en una entrevista los pormenores de cómo fue verdaderamente la muerte del mítico guerrillero argentino, versión confirmada por Mario Terán, autor material del asesinato, cuando le permitieron hablar: l


“¡Póngase sereno, me dijo (El Che), y apunte bien!, ¡Va a matar a un hombre!’


“Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé”, contó el militar años después a periodistas (…)


Fueron dos descargas de metralleta porque en la primera, apenas pudo herir a Ernesto Guevara, por los nervios.


En la segunda logró su objetivo.


Terán falleció a los 80 años de edad en la región oriental de Santa Cruz, y siempre llevó sobre las espaldas la infamia de haber asesinado a un hombre que hasta el final de sus días se mostró fiel a sus ideas y a sus actos.


“Fue el peor momento de mi vida - recordó Terán - Vi al ‘Che’ grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente.


“Sentía que se echaba encima y cuando me miró fijamente, me dio un mareo.


“Pensé que con un movimiento rápido el ‘Che’ podría quitarme el arma.


“‘¡Póngase sereno –me dijo– y apunte bien! ¡Va a matar a un hombre! Entonces di un paso atrás, hacia el umbral de la puerta, cerré los ojos y disparé”


Aunque el general que le ordenó fusilar al Che, Gary Prado, quien comandó el pelotón que capturó con vida a Guevara, exaltó la figura de Terán como alguien que sólo recibió órdenes y cumplió con su deber, difícilmente salvó la imagen de asesino del ejecutor del guerrillero argentino.


Años después, vergonzosamente y sin una conciencia histórica, Vicente Fox aceptó a Gary Prado como Embajador del Bolivia en México, quien entonces fue denunciado y rechazado por múltiples voces indignadas acusándolo de ser un criminal de guerra.


El Che fue detenido y, sin juicio de por medio, quienes estuvieron a cargo de este operativo recibieron de mandos superiores la orden de asesinarlo por considerar que vivo seguiría siendo un peligro para los intereses de EU en Sudamérica.


Eran los años de la guerra sucia, cuando la desesperación llevó a diversos grupos latinoamericanos a optar por la guerrilla y la violencia.


En ese marco arribó el Che Guevara a Bolivia, donde sus expectativas de internacionalizar el socialismo terminaron con su muerte.


Dariel Alarcón Ramírez, quien sirvió a las órdenes de Fidel Castro y de Ernesto Che Guevara con el nombre de Benigno, me relató en otra entrevista que Castro le pidió acompañar al Che a Bolivia con órdenes de responderle por su vida, y así lo hizo, pero cuando el ejército boliviano los cercó e hirió al Ernesto Guevara en una pierna éste le ordenó escapar con los hombres que quedaban e incluso lo amenazó con dispararse si no lo hacía.


Al final a todos los atraparon, excepto a Benigno.


A pesar de que éste ya vivía exiliado entonces en París y cuestionaba al régimen de Castro, en la entrevista que me concedió dijo que no podía mentir sobre la integridad moral del Che hasta final de su vida y de haber sido víctima de una utopía.


Lo mismo me señaló Rodolfo I. Rodríguez, el cubano que trabajó durante meses con el ejército boliviano y la CIA para capturar al Che: “murió dignamente, mirándonos siempre de frente”.


Antes de la ejecución, en un salón de una escuelita de La Higuera, Bolivia, I. Rodríguez platicó varias veces con el Che y en la última le pidió intercambiar relojes, cosa que el guerrillero aceptó entregándole un Rólex que portaba, producto de un regalo en el extranjero como embajador cubano.









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