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  • Laura Meléndez

Hace 165 años se instaló el primer cable trasatlántico para enviar el 1er telegrama intercontinental


Hay efemérides como esta que siempre es bueno recordar porque en su tiempo se convirtió en uno de los pilares de la comunicación en el mundo: justo un día como hoy, 5 de agosto, pero de 1858, se colocó el primer cable trasatlántico submarino desde el que se transmitiría, pocos días después, el primer telegrama de Europa hacia América.


En la segunda mitad de la década de 1830, gracias a los británicos William Cooke y Charles Wheatstone y al estadounidense Samuel Morse, el telégrafo entró en servicio y las comunicaciones mediante código Morse se volvieron comunes; diez años después la red terrestre comenzó a extenderse por Europa y los Estados Unidos, pero para conseguir que un cable telegráfico funcionara en las profundidades del mar se debía resolver el problema del aislamiento.


Esto se consiguió gracias a la Gutapercha, una sustancia obtenida de la savia de la familia de plantas Palaquium provenientes del archipiélago del Océano Índico; el primer cable submarino internacional fue obra de los hermanos John Watkins y Jacob Brett en 1850, el cual unía Gran Bretaña con Francia por el estrecho de Dover.


A pesar de que un pescador rompió el cable accidentalmente recién instalado, causó tal sensación que en 1851 se reconectó un cable por Reino Unido y Francia con más medidas de seguridad.


El cable se volvió moda: a lo largo de Irlanda, Bélgica, Países Bajos, Reino Unido, los Mares Mediterráneo y Negro se instalaron 25 dispositivos para 1855, pero el Atlántico la transmisión de información se basaba en barcos de vapor. Entonces el Obispo John T. Mullock, jefe de la Iglesia católica en Terranova, propuso una línea telegráfica de San Juan de Terranova a cabo Ray, pasando por la desembocadura del San Lorenzo hacia Nueva Escocia por el Estrecho de Cabot. Casi al mismo tiempo Frederick Newton Gisborne, un ingeniero de telégrafos en Nueva Escocia, ideó lo mismo y en 1851 inició la construcción de la línea fija, pero terminó en la quiebra en un periodo de dos años.


Gisborne se presentó en 1854 ante el empresario Cyrus West Field, quien también consideró la idea de que el cable a Terranova podría extenderse por el Atlántico, por lo que creó Atlantic Telegraph Company.


La viabilidad del negocio era difícil de pronosticar pues se necesitaban 3 mil kilómetros de cable que debía descansar en el fondo del océano, a más de 3000 metros de profundidad, Field consultó a Samuel Morse y al teniente Matthew Maury para conocer la topografía y la carencia de corrientes del fondo oceánico, recaudaron fondos en Estados Unidos y Reino Unido y Field aportaría parte de su capital.


El proyecto comenzó en 1857, concluyó el 5 de agosto de 1858, y a pesar de que el cable funcionó sólo 3 semanas, pasó a la historia como el primero de los proyectos en obtener resultados. Se requirieron 3 intentos para hacer una instalación exitosa y el primer telegrama oficial en pasar entre los 2 continentes fue una carta de felicitación de la reina Victoria del Reino Unido al Presidente de los Estados Unidos James Buchanan el 16 de agosto de 1858; a la mañana siguiente hubo júbilo en las calles de Nueva York tras este éxito; el cable del Atlántico era el tema del momento.


La calidad de la señal se deterioró rápidamente pues se aplicaba un voltaje excesivo en la búsqueda por conseguir un mejor funcionamiento, ya que la carta de 1858 tardó en enviarse 17 horas, pero fue hasta el siglo 20 cuando la velocidad de transmisión de mensajes a través de cables transatlánticos llegó hasta 120 palabras por minuto. Hoy, aunque los satélites de comunicaciones cubren la demanda de transmisión especialmente para televisión e Internet, los cables submarinos de fibra óptica siguen siendo la base de la red mundial de telecomunicaciones.

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