De mafias y mafiosos en la UNAM. Por José Luis Morales


De México Bla Bla para el mundo...


Me acuerdo de Germán Dehesa.

Fue mi maestro en la Facultad de Filosofía y Letras.


En realidad fue y no fue porque debía impartirme la materia de Literatura Iberoamericana, pero sólo asistió dos veces a clase en todo el año y desapareció como por arte de magia.


Tengo testigos.


Preocupado, varias veces pregunté por él en la Coordinación de Letras y nunca me dieron una razón convincente de sus faltas.


Era mi último año de la carrera y no quería quedar a adeudar ninguna materia.


Al término del segundo semestre, descubrí en mi reporte de calificaciones que me había alógicado con una MB sin haber tenido más que un par de clases con él y habiéndole entregado sólo un ensayo sobre el Martín Fierro.


Tres meses después me lo encontré en el pasillo de la entrada y le pregunté por qué causa había faltado tanto tiempo y por qué me había puesto MB.


No respondió mi pregunta. Me miró de arriba a abajo como quien mira a una cucaracha y cínicamente dijo: si quieres te quito la MB. Me parece bien, le respondí nomás por farolón ver qué jeta. Así las cosas, quedamos de vernos la siguiente semana en la Coordinación de Letras para realizar la anulación, pero nunca llegó; fui varias veces a Asuntos Escolares a preguntar cómo resolver este asunto, pero una y otra vez me indicaron que sólo él podía corregir una calificación, pero por más que lo busqué jamás lo encontré.


Años después me enteré que seguía cobrando en la Facultad sin presentarse a dar clases. Igual que otras vacas sagradas de la facultad, como todas las que abundan en el resto de las Facultades de la UNAM.


Dehesa era un tipo bajito de estatura, bonachón y de voz meliflua, que a cada paso amenazaba con desbaratarse, pero bueno y muy gracioso para contar chistes corrientes y encantar serpientes. No en balde fue el mejor amanuense de Mauricio Kleiff para dotar de sketchs y situaciones chuscas a Los Polivoces.


Ya como compañero de él en Monitor de Radio Red, una mañana le recordé lo de mi calificación y se hizo el loco. O sinceramente no se acordaba de haber dado clases en la FFyL de la UNAM y mucho menos de mi caso. O porque en realidad nunca las dio, aunque cobraba bien por ellas.


Como dice El Peje, tengo otros datos de “eminentes” profesores que en mis tiempos de estudiante sólo iban a chismear (Humberto Batis), a improvisar sobre lo que se les viniera a la cabeza esa tarde (Juan José Arreola), a dar un par de clasesitas de rigor (Luis Rius) y desaparecer por el resto del año, o a ocupar plazas y cargos directivos en áreas donde realmente no eran especialistas (Bonifaz Niño), pero que todos se la creían, menos los estudiantes avanzados que arrastraban por ellos el lápiz como adjuntos o becarios sin sueldo ni derechos; había otros que desde entonces se han paseado por México y el mundo (como la longeva Margo Glantz) a costillas del erario de la UNAM y sin tener una investigación seria en lo que presumen ser especialistas, seguro por falta de tiempo por tanto viaje a seminarios y congresos a los que se auto invitan. O para cursar postgrados de los que nunca salió una investigación valiosa.


También estas los políticos. Que se ausentan de sus clases durante años y al final regresan a ellas solo para jubilarse. O que se refugian en sus plazas privilegiadas cuando ya no la hicieron en la política.


De toda esta fauna puedo hablar largo y tendido, incluso de amigos que aun como estudiantes se enquistaron en la mafia de la UNAM por tener un padre, un familiar cercano al poder.


Muchos forman parte de esta aristocracia universitaria, otros, la mayoría, son los obreros que ganan sueldos de miseria y que carecen de las prebendas de estos.


También había que hablar del sindicato de la UNAM, otra bola de pillos; y del cuerpo de seguridad, que no ha descubierto aunque en todas las facultades operaran dealers que venden todo tipo de drogas o que las islas son el mayor fumadero del mota que funciona libremente en esta ciudad.


Pero de esto les cuento otro día…








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