Azúcar: uno de los principales enemigos del sistema de soporte de la piel


Una investigación publicada en la revista Clinical Dermatology reveló que el consumo de altos niveles de glucosa y fructosa, hace que se unan a los aminoácidos del colágeno y la elastina, dañándolos e inhibiendo el proceso de reparación natural del organismo.


Dormir es esencial para mantener la buena salud de nuestro organismo, ya que es un proceso que ayuda al cuerpo a renovarse y repararse. La falta de sueño puede terminar reflejada en la piel del rostro.


Una investigación llevada a cabo en 2015 reveló que las mujeres que dormían bien tenían "un envejecimiento cutáneo intrínseco significativamente menor" de aquellas que no tenían suficientes horas diarias de sueño.


Tomar demasiado sol puede hacer que la piel se vuelva seca, además de causar quemaduras. Con el tiempo, la exposición constante a la luz ultravioleta puede dañar la piel y provocar cambios a largo plazo, como el aparecimiento de arrugas.


El fotoenvejecimiento, es decir, el envejecimiento prematuro de la piel debido a la exposición al sol, puede ser evitado con el uso constante de protector solar.


Finalmente, la preocupación constante y en exceso puede con el paso del tiempo, envejecernos a nivel celular. El estrés crónico puede acortar nuestros telómeros, explica la Escuela de Medicina de Harvard.


Es decir, puede disminuir el tamaño de unas estructuras de nuestras células que contienen información genética. El acortamiento de los telómeros lleva a las células a envejecer y finalmente morir. Además de envejecer más rápido, las personas con telómeros más cortos tienen más probabilidades de padecer enfermedades graves como el cáncer.